Mas verde de lo que creéis
Mas
verde de lo que creéis es un libro que en algunos aspectos me recuerda mucho
a otra gran obra del genero catastrófico: La tierra permanece. En
ciertos aspectos, ambos libros son deudores de la época en que fueron escritos y
ello determina que algunos elementos de los mismos hayan envejecido francamente
mal. En cambio, si el lector hace el ejercicio de olvidar o pasar por alto
fechas usos y costumbres y los tomamos simplemente como una parábola, ambas
obras siguen manteniendo una fuerza impresionante y un carácter intemporal que
hace pensar. En los tiempos que corren esto resulta particularmente aplicable a
"Mas verde de lo que creéis". En efecto, el modo en que se trata el problema de
la hierba mutante que acaba devorando el planeta muchas veces pone los pelos de
punta, no por los valores de la narración, sino por el reflejo que de la misma
podemos ver en el mundo que nos rodea. En una sociedad en la que el virus de la
viruela no se destruye completamente para "estudiarlo", en el que se mantienen
funcionando centrales nucleares que se caen a pedazos porque de algún sitio hay
que sacar la energía y en el que se embarcar miles de toneladas de petróleo en
barcos viejos y obsoletos porque total, nunca pasa nada y el combustible hace
falta para mover la sociedad de consumo que nos rodea, el tema central de Mas
verde de lo que creéis es de una actualidad candente. Y mucho me temo que
continuara siéndolo durante muchos muchos años mas.
Otro aspecto que recuerdo que me impresiono profundamente fue la actitud del
protagonista frente al problema . Al principio de la narración el mismo exhibe
un cinismo y un desparpajo que ofrecen un contrapunto interesantísimo a los
oscuros acontecimientos que se narran. El lector ve como el mundo se va yendo
poco a poco a la porra. Pero nadie parece darse cuenta. Si la hierba destruye la
casa del vecino es problema del vecino. Si la hierba destruye la ciudad es
problema de la ciudad. Si la hierba se come el estado, ya la pararan las
montañas. La actitud del hombre de la calle, tan magníficamente reflejado por
ese vendedor que actúa como ejecutor de la fría sentencia del destino, de que
alguien, en algún sitio, encontrara la solución del problema es algo que podemos
detectar fácilmente a nuestro alrededor. Y ese momento de la narración cuando el
protagonista se da cuenta de que no, de que el problema es que la humanidad se
encamina derechita al camino de la extinción resulta impactante. Y es que hasta
el magnifico pero desesperanzador final esa dicotomía entre el optimismo de
nuestra especie y la aterradora realidad es algo que el autor hace brillar con
luz propia entre los párrafos de la narración.
Es bien sabido que no me gusta dar valoraciones de los libros. Para algunos
lectores, Mas verde de lo que creéis resultara un libro excesivamente
rancio y mal envejecido. Para otros, el mensaje de que el final de la humanidad
a lo mejor no procede de las armas nucleares, sino de la manipulación biológica,
estará demasiado visto o resultara aburrido. Personalmente opino que tanto por
su valor histórico como por el tema de fondo que trata, es una obra de lectura
imprescindible para el aficionado. Después de todo, la hierba, o alguna otra de
sus manifestaciones (llámese virus asesino al estilo de Doce Monos, o
desastre nuclear como el de Chernobil, o cualquiera de los otros cientos de
modos que la humanidad ha pergeñado en los últimos lustros para ponerse a si
misma en peligro de extinción) es algo que todos podemos encontrar... incluso en
el jardín de nuestra propia casa. Y eso si es algo de lo que todos debiéramos
ser conscientes.
(C) Cristóbal Pérez-Castejón Carpena 2003