Un verano infinito
20-10-1999
cienciaficcion@onelist.com
Para el que sabe buscar, en un buen libro puede encontrarse
cualquier cosa. Los hay alegres como castañuelas, que elevan el espíritu y nos
hacen volar. Los hay tristes, que llenan nuestra alma de sombras y nuestros ojos
de lagrimas. Hay libros en los que la acción te arrebata y libros que son tan
solo pensamiento, arquitecturas abstractas de la mente que los escribió... "Un
verano infinito" es, ante todo, un libro hermoso. Es hermoso porque esta muy
bien escrito, con una prosa muy cuidada. Pero también es hermoso por su especial
sensibilidad, por el modo en que juega con los sentimientos de los personajes al
tiempo que es capaz de recrear un mundo complejo y muy interesante.
Como toda colección de relatos, en "Un verano infinito" se da una amalgama de
diferentes temas... que sin embargo presentan una coherencia perturbadora.
Aunque cada relato es independiente, entre las palabras que los forman uno es
capaz de percibir un universo fascinante. Una sociedad tecnológica capaz de
aparejar naves interestelares y viajar por el tiempo coexiste con una estética
propia de principios de siglo, y con una guerra despiadada librada con armas
psicotrópicas que se prolonga infinitamente a través de los años. En este libro,
uno puede descubrir referencias a muchos otros universos de ficción... la
contienda impersonal entre dos enemigos que en el fondo no se diferencian en
nada recuerda fuertemente a "1984". Los
ubicuos aparatos de observación, supresores de toda forma de intimidad, tienen
un aroma inconfundible a "Luz de otros días". Las armas psicotrópicas, capaces
de destruir las mentes de los individuos afectados con la fuerza de sus
alucinaciones, tienen un eco a la Europa desquiciada y pervertida de "A cabeza
descalza". Y sin embargo, la hermosa prosa de Priest y su especial sensibilidad
crean un ambiente propio y muy personal dentro de ese universo.
Otra característica de toda buena colección de relatos es la posibilidad de que
cada lector sea capaz de encontrar, dentro de la oferta contenida en la misma,
al menos un cuento que colme sus expectativas al acercarse al libro. La verdad
es que para mi esta obra pone el listón muy alto. "Rameras" ofrece una
interesante perspectiva sobre una guerra inmisericorde librada con armas
destinadas a destruir lentamente la mente de los afectados por las mismas. "La
negación", trata sobre la problema de definir quien es el enemigo real y porque
se pelea sobre el campo de batalla. "El observado" ofrece un
interesante análisis sobre el papel del observado y el observador de un
determinado fenómeno, con un dilema que, al menos para mi, recuerda fuertemente
a algunas de las obras de Borges. Pero cuando en el futuro rememore este libro,
lo haré, sobre todo, por dos de los relatos que
contiene: el que da nombre a la obra y "Vagabundeos pálidos". Ambos tienen una
ambientación semejante, con fuertes reminiscencias al siglo
XIX. Ambos tienen también una temática muy parecida: una historia de amor dentro
del contexto de un viaje temporal, muy al estilo de "Por
el tiempo", de Silverberg. Y ambos están excelentemente resueltos. El final de
"Un verano infinito", la historia de la pareja de enamorados
atrapados en un campo de éstasis temporal en el contexto de la segunda guerra
mundial, es simplemente precioso. Y los bucles temporales en
los que se desarrolla la historia de amor de "Vagabundeos pálidos", están tan
bien resueltos, al menos, como los de "Todos vosotros,
zombis"... pero desde una perspectiva y una sensibilidad radicalmente diferentes
a la del relato de Heinlein.
Quien busque una obra de evasión, una lectura fácil e intrascendente, no se
sentirá particularmente reconfortado con "Un verano infinito". En cambio, el que
busque una prosa hermosa, con unas historias con sentimiento y sin embargo, con
una coherencia a toda prueba, disfrutara, sin duda, con la lectura de este libro
© Cristóbal Pérez-Castejón Carpena 1999