Fuegos en la Oscuridad
Introducción
Uno de los elementos típicos en la literatura de ciencia ficción
es el viaje interestelar. Las estrellas ejercen una atracción morbosa
para la humanidad: desde los tiempos en que eran la única ayuda
de los navegantes siempre hemos deseado poseerlas. Pero tan solo hoy en
día podemos empezar a plantearnos seriamente la posibilidad alcanzarlas...
Para ello, sin embargo, nos encontramos con dos importantes limitaciones.
La primera, que se encuentran a una enorme distancia. Nuestro vecino estelar
mas próximo, un sistema triple en la constelación del Centauro,
esta situado a la friolera de 41 billones de kilómetros de nuestro
planeta; la luz de estas estrellas tarda cuatro años en recorrer
la distancia que nos separa. La segunda es que, de acuerdo con las leyes
físicas que rigen nuestro universo, nada puede moverse más
deprisa que la velocidad de la luz en el vacío. Así pues,
existe un límite superior en la velocidad que podemos alcanzar para
llegar a un determinado destino. En el caso de Alfa del Centauro, la duración
mínima del viaje sería, por tanto, de cuatro años.
La velocidad de la luz es una barrera infranqueable... a la que incluso
resulta difícil acercarse. Varios centenares de miles de kilómetros
por segundo es una velocidad respetable, máxime teniendo en cuenta
que el objeto más rápido construido por el hombre, la sonda
Voyager I, se mueve a bastante menos de 100 Km/s. El problema para desplazar
algo tan deprisa no es solamente el motor. En efecto, tenemos una amplia
paleta de opciones a la hora de escoger un impulsor para nuestra nave interestelar:
químicos, ionicos, antorchas de fusión, explosiones nucleares,
reacción materia-antimateria. Pero todos ellos tienen el mismo problema:
necesitan un combustible que actúe como masa de reacción
y como fuente energética. Y la nave no sólo debe cargar con
el propelente para acelerar casi a la velocidad de la luz, sino también
el necesario para decelerar y detenerse en su punto de destino.
En estas circunstancias, la mejor solución pasaría por
incrementar el rendimiento del motor, de modo que la relación entre
el combustible consumido y el empuje fuese máxima, y cargar el mayor
volumen posible del mismo para el viaje. Pero entonces el tamaño
de la nave acabaría siendo absolutamente monstruoso. Sin embargo,
existe otra respuesta muchísimo mas elegante a este problema: el
empleo del llamado motor Bussard, la nave estatocolectora, que extrae su
combustible del propio medio interestelar. En los puntos siguientes analizaremos
con más detalle las ventajas e inconvenientes de este tipo de nave.
Principio de funcionamiento
Una estatocolectora se basa en que el llamado vacío interestelar
no está, en realidad, tan vacío. En efecto, la densidad de
materia en el espacio entre dos estrellas viene a ser, aproximadamente,
de un átomo por centímetro cúbico, principalmente
hidrógeno. El esquema presentado por Robert W. Bussard en 1960 proponía
la utilización de ese hidrógeno como combustible y masa de
reacción de una nave espacial. Para ello se utilizaría una
draga magnética, capaz de recoger los átomos presentes en
una vasta zona y conducirlos hasta el reactor de fusión que actúa
como impulsor y fuente de energía del vehículo.
Este esquema de funcionamiento determina dos de las características
de diseño más importantes del motor Bussard: una gran area
de barrido frente a la nave, para acumular el mayor numero posible de atomos
y una velocidad minima de funcionamiento que se cifra en torno al 1% de
la velocidad de la luz. En efecto, cuanto mayor sea la velocidad, mayor
será la cantidad de materia capturada por la draga y mayor, por
tanto, el aporte de combustible que ingresa en el motor: la densidad relativa
del hidrogeno se incrementa hasta alcanzar un punto en el que la reaccion
nuclear es autosostenida. Es necesario por tanto un impulsor adicional
que lleve la nave hasta esa velocidad, a partir de la cual estaremos en
disposición de encender el motor interestelar propiamente dicho.
Veamos ahora con más detalle los diferentes subsistemas que forman
parte integrante de la nave.
Sistema de Dragado
El combustible básico de la estatocolectora es el hidrógeno
interestelar que la nave recoge mediante un campo magnético. Debido
a la baja densidad del medio, este campo debe cubrir un área inmensa:
del orden de decenas de miles de kilómetros, y ser de considerable
intensidad. Además, sólo una pequeña fracción
del hidrógeno presente está en forma ionizada... la única
susceptible de ser conducida por un campo magnético hasta la boca
del colector.
La otra función del campo consiste en ofrecer protección
a la tripulación frente a las radiaciones que reciben como consecuencia
de su tránsito a velocidades cada vez mas cercanas al limite de
la velocidad de la luz. En efecto, el bombardeo de átomos acelerados
a velocidades cuasilumínicas por el movimiento relativo de la estatocolectora
es demoledor para cualquier organismo vivo o para los sistemas electrónicos
de la nave. Debido a esto, al menos parte del campo magnético del
sistema de dragado no puede desconectarse bajo ninguna circunstancia, pues
de lo contrario la tripulación acabaría por perecer como
consecuencia del envenenamiento por radiación.
El núcleo principal de la draga está constituido por una
bobina capaz de generar el campo magnético que guiará al
hidrógeno hasta el reactor. En este momento, la única solución
posible para la construcción de esta bobina pasa por la utilización
de superconductores. En efecto, la ausencia de resistencia eléctrica
en estos materiales permite utilizar las inmensas corrientes eléctricas
necesarias para generar los campos implicados. Además, las bajas
temperaturas presentes en el medio interestelar ayudan a resolver de un
modo más o menos sencillo el problema de la refrigeración,
haciendo posible la utilización de superconductores clásicos,
(por ejemplo, refrigerados mediante helio líquido) que han demostrado
ser más robustos frente al empleo de campos magnéticos intensos
que las modernas cerámicas superconductoras.
En cuanto a la estructura, el esquema clásico utiliza un anillo
en forma de espira en el frontal de la nave. Esta solución presenta
dos inconvenientes: el gigantesco campo magnético utilizado afecta
directamente al habitáculo de la tripulación y la fiabilidad
no es demasiado elevada, pues un funcionamiento incorrecto en la espira
principal podría dar lugar a un fallo crítico del sistema
de soporte vital, al perderse parte del escudo antiradiación de
la nave. Para evitar esto tenemos que utilizar un diseño basado
en una redundancia múltiple de componentes: por ejemplo, varias
espiras superconductoras montadas sobre una superficie troncocónica,
o un sistema de bobinas más pequeñas organizadas en modo
semejante al de una antena por desplazamiento de fase, capaces de generar
un campo magnético variable y susceptible de ser orientado. Cualquiera
de ambos esquemas con elementos generadores más pequeños
y distribuidos permiten configurar un sistema robusto y fiable de reducido
mantenimiento.
Sistema de ionización
Como ya comentamos más arriba, sólo una pequeña
fracción del combustible susceptible de ser utilizado por nuestra
nave esta en la forma ionizada que puede ser manejada por la draga magnética.
Para resolver este problema, se han propuesto dos soluciones:
a) El empleo de un láser de ionización. Básicamente
consistiría en utilizar un anillo de estaciones láser en
torno a la boca del colector. Estas estaciones generarían varios
conos anidados de luz coherente por delante de la nave, optimizando tanto
la longitud de onda del láser como su potencia para ionizar la mayor
cantidad posible de hidrógeno. El problema es en este caso de eficiencia:
mantener un anillo de láser de alta potencia permanentemente encendido
supone un consumo nada despreciable en el balance energético de
la nave.
b) Algunos autores proponen la utilización de campos magnéticos
pulsantes de enorme intensidad para interactuar con la materia no ionizada
a través de efectos magnetohidrodinámicos. Un campo del orden
de un millón de Gauss podría interactuar con el momento magnético
que generan los electrones al girar en torno al núcleo, lo que a
su vez permitiría la manipulación del átomo en cuestión.
Aunque teóricamente posible, la consecución de un modelo
funcional de estas características se encuentra, hoy en día,
bastante lejos de nuestras posibilidades.
Planta criogénica
Como vimos mas arriba, el concepto de nave estatocolectora está
indisolublemente ligado al empleo de superconductores. Los campos magnéticos
implicados en la draga magnética y en el sistema de confinamiento
y guía de plasma así lo requieren. Asimismo, las conducciones
de energía hasta los generadores de campo también deberían
estar construidas utilizando el mismo tipo de materiales, debido a las
potencias implicadas y al enorme tamaño de toda la estructura. Ahora
bien, el empleo de superconductores necesita a su vez de una planta criogénica
para generar el refrigerante que los mantiene operativos. El diseño
de esta planta es otro punto crítico. En efecto, puesto que el funcionamiento
de la draga magnética es un pilar básico del sistema de soporte
vital (como blindaje antiradiación), la planta criogénica
debe ser un elemento a toda prueba y dotado de redundancia múltiple
en todos sus componentes. Los requerimientos de la misma variarán
en función del tipo de superconductores utilizados. Las intensidades
de campo necesarias en el sistema de dragado parecen hacer aconsejable
el empleo de superconductores clásicos, refrigerados por helio líquido,
por ser mas robustos frente a los campos magnéticos intensos. Sin
embargo, los superconductores de alta temperatura presentan la ventaja
de necesitar de unos niveles de refrigeración muchísimo menos
exigentes (del orden de las temperaturas del nitrógeno líquido)
y por tanto más fiables (esas temperaturas pueden conseguirse y,
sobre todo, mantenerse con gran facilidad en el entorno en el que se desplaza
nuestra nave interestelar). Además, se pueden moldear con gran facilidad
(formando películas muy delgadas), lo que permitiría embutir
las bobinas superconductoras dentro del casco de la nave protegidas con
un recubrimiento especial contra la erosión debida al choque de
la materia interestelar contra el embudo del colector. El inconveniente
es que a día de hoy son muchísimo más sensibles a
los campos magnéticos intensos y bastante delicados en el manejo
de altas corrientes. Ambos problemas deberían de solventarse antes
de abordar su utilización en un tipo de diseño como el que
nos ocupa.
Generador de plasma. Control de actitud y sistema
de frenado
El sistema de ionización cuenta con un segundo módulo
situado ya en el interior de la tolva cuya misión consiste en garantizar
que toda la materia que ingresa en el sistema lo hace en estado de plasma:
electrones y núcleos separados. Esta unidad de precompresion también
estaría basada en un láser y la salida de la misma seria
un chorro de plasma, que se desplazaría por el eje de la nave confinado
mediante una botella magnética hasta el reactor de fusión
primario. Otras derivaciones de esta corriente principal deberán
ser desviadas a los reactores secundarios de parada y control.
En efecto, una de las características de las naves estatocolectoras
es que su motor principal sólo funciona en la dirección de
movimiento de la nave. Es decir, son naves que solo poseen capacidad de
aceleración, no de frenado, lo que ciertamente resulta inaceptable.
Asimismo hay que prever que es bastante complicado el cambiar de rumbo
cuando te estás moviendo a una fracción apreciable de la
velocidad de la luz. Si no queremos que nuestra nave resulte ingobernable
tendremos que diseñar un sistema de control de posición adecuado
a estas especiales condiciones de trabajo.
La mejor solución pasa por la utilización de motores separados
para la impulsión principal, el sistema de frenado y el sistema
de guía. Debido a la gran cantidad de radiaciones duras procedentes
del motor de fusión, la separación de estos motores no es
conveniente llevarla a la salida de los mismos, sino en una fase previa.
Es decir, el canal principal de plasma debe orientarse por medios magnéticos
y redirigirse en un momento dado, bien al sistema de impulsión,
bien al sistema de frenado. En cuanto al control de orientación
de la nave, podremos llevarlo a cabo siguiendo dos estrategias básicas:
-
Variando la salida del motor principal. Podemos hacer girar el reactor
principal dentro de un ángulo limitado: variando el ángulo
de entrada del flujo principal de plasma podemos obtener un cierto control
de actitud. Resulta bastante complejo de implementar desde un punto de
vista mecánico. Otra solución consistiría en utilizar
campos magnéticos variables para orientar el flujo de salida en
la dirección correcta.
-
Motores de control de actitud. Presentan el problema de necesitar de un
combustible adicional. Rizando el rizo, se podrían alimentar con
corrientes de plasma derivadas del flujo primario y utilizando el mismo
principio que el motor de fusión principal. Pero este mecanismo
complicaría bastante el sistema de soporte vital, al introducir
nuevas fuentes de radiaciones duras en el sistema.
En cualquier caso, la existencia de motores secundarios de frenado y/o
control de actitud presenta dos problemas adicionales. El mas importante
es que es necesario "encender" estos motores en un momento dado. O sea,
iniciar la reacción termonuclear sostenida característica
de la antorcha de fusión. Un fallo en el encendido podría
dar lugar a que a la nave le resultase imposible detenerse. Además,
solamente son operativos durante la parte del viaje en el que la nave viaja
cerca de la velocidad de la luz: todo el sistema debe de estar duplicado
para su funcionamiento a velocidades por debajo del umbral mínimo
de mantenimiento de la reacción de fusión del motor principal.
Antorcha de fusión
El núcleo de la estatocolectora lo constituye la llamada antorcha
de fusión, el reactor de fusión autosostenida del sistema.
La antorcha de fusión, es, en esencia, una pequeña estrella
en el corazón de la nave, en la que los átomos de hidrógeno
se funden para dar helio con un enorme desprendimiento de energía.
Sin embargo, esta reacción plantea algunos problemas interesantes.
En primer lugar, la energía se obtiene por fusión del deuterio,
un isótopo del hidrógeno con un protón y un neutrón
en el núcleo. El deuterio, uno de los elementos primarios procedentes
del Big Bang, es relativamente escaso en la naturaleza: sólo uno
de cada 6.700 átomos de hidrógeno corresponden a esta forma
isotópica. En el enrarecido medio interestelar este problema puede
incluso resultar más acuciante, si cabe.
La ventaja de la fusión del deuterio es que tiene lugar a unas
temperaturas relativamente bajas comparadas con las de la fusión
del hidrógeno normal (protio). El inconveniente es que como subproducto
de algunas reacciones se producen neutrones, partículas sin carga
que no pueden ser manejadas mediante campos magnéticos. Es necesaria
la utilización de un material de recubrimiento del reactor que absorba
esos neutrones, como por ejemplo el boro o grafito. Estos materiales acaban
"calientes" y sería necesario cambiarlos al final del viaje. Otra
solución consistiría en situar el motor de fusión
lejos de las zonas habitables de la nave, de un modo semejante a los que
utilizaba la nave "Discovery" de la película "2001: Una odisea espacial".
Este esquema presenta la ventaja de que el espacio intermedio puede ser
utilizado por el combustible y la masa de reacción del motor secundario...
que actuarían como escudo del habitáculo de la tripulación.
Algunos autores han propuesto el empleo de reacciones catalizadas semejantes
a las que aparecen en el ciclo de Bethe, en las estrellas. Esas reacciones
presentan el inconveniente de que necesitan presiones y temperaturas enormes
para funcionar eficazmente, y son además demasiado lentas para una
reacción sostenida.
Por ultimo, existe otra estrategia que puede combinarse eficazmente
con el punto siguiente, el motor secundario: utilizar la draga para extraer
combustible del medio interestelar, pero no quemarlo en una reacción
autosostenida, sino almacenarlo y utilizarlo para generar impulso mediante
una reacción pulsante. El esquema de funcionamiento constaría
de los siguientes pasos:
-
La draga magnética recoge materia interestelar, mucho hidrógeno
y algo de deuterio.
-
Separación del deuterio del hidrógeno normal. Almacenamiento,
por ejemplo, en un confinamiento magnético.
-
La reacción de fusión no es continua, sino que se dispara
artificialmente a partir del deuterio almacenado... o del que porte la
nave como combustible.
La ventaja de este esquema es que no son necesarios dos motores. En la
fase de aceleración partiendo de velocidad sublumínica, se
quemaría deuterio almacenado en la nave utilizando como masa de
reacción el agua de los tanques de combustible situados entre el
reactor de fusión y el compartimento de la tripulación. Al
alcanzar la velocidad adecuada, podría empezar a recolectarse hidrógeno
interestelar, extrayendo el deuterio y utilizando el resto como masa de
reacción. Al llegar al punto de destino, se invertiría de
nuevo el proceso: reacción estatocolectora en la parte de alta velocidad
del viaje, motor de fusión convencional para el ingreso en el sistema.
Motor secundario
Como ya hemos repetido en sucesivas ocasiones, la reacción de
la estatocolectora no tiene lugar por debajo de una determinada velocidad
crítica. Sin embargo, es necesario que la nave acelere hasta conseguir
esa velocidad. Ello implica la utilización, al menos durante parte
del viaje, de un sistema de propulsión secundario capaz tanto de
acelerar la nave a 0,01c como frenarla a partir de esa velocidad en su
ingreso en el punto de destino. El sistema secundario de impulsión
podría utilizarse también como parte del sistema de control
de rumbo, al no estar sometido a las limitaciones de orientación
y velocidad critica del impulsor principal.
El motor secundario debe de cumplir unos requerimientos bastante estrictos.
En primer lugar debe de ofrecer un rendimiento de impulso/consumo de combustible
muy bueno... principalmente porque de lo contrario la nave deberá
cargar con una enorme cantidad de combustible para acelerar y frenar, lo
que estropeará el rendimiento del conjunto. En segundo lugar, no
parece recomendable la utilización de un combustible excesivamente
complejo o difícil de manufacturar. Si el combustible es agua, posiblemente
no haya mayor problema en repostar... de lo contrario, la nave puede quedarse
varada en un sistema inhóspito sin posibilidades de volver a arrancar
su motor interestelar. Por ultimo, sería deseable que tuviese una
buena relación de aceleración. En efecto, la duración
de un viaje de estas características viene determinada por la rapidez
con la que la estatocolectora es capaz de alcanzar la velocidad cercana
a la luz, a la que aparecen los efectos relativistas de contracción
del tiempo que hacen más llevadero el viaje. Un sistema de impulsión
con una buena relación impulso/consumo de combustible, pero con
una pobre aceleración puede alargar la duración del viaje
en años.
Como alternativas se han propuesto:
-
El motor iónico. Excelente relación impulso/consumo combustible,
pero pobre nivel de aceleración. Los modelos actuales utilizan xenón
o cesio como combustible.
-
La utilización de una catapulta electromagnética (EM). La
ventaja de este procedimiento es que proporciona una alta velocidad inicial.
El inconveniente, que la aceleración implicada puede ser excesiva
para el sistema de soporte vital. En cualquier caso, es una opción
valida para ahorrar parte del combustible del despegue, pero sólo
como complemento de otros tipos de impulsor... puesto que, probablemente,
en el destino no contemos con otra catapulta igual para decelerar.
-
El empleo de un motor de fusión convencional. Es la opción
más interesante si se puede desarrollar el sistema de extracción
de deuterio a partir del flujo de plasma del colector. Ofrece una buena
relación impulso/consumo con un alto nivel de aceleración.
Además, el combustible no sólo puede extraerse del hidrógeno
interestelar, sino también a partir del agua (que también
actúa como masa de reacción). Presenta el inconveniente de
un escape rico en radiaciones duras... además de la propia radiación
neutrónica del motor.
-
Aniquilación materia-antimateria. Es con diferencia el sistema mas
eficiente. Tiene las mismas características de comportamiento que
la fusión del punto anterior... pero el combustible es muy difícil
de fabricar, por lo que hay que cargar con el mismo. Tampoco parece muy
probable que en el punto de destino se pueda repostar fácilmente...
Rendimiento del sistema de propulsión.
El sistema de propulsión de las estatocolectoras tiene una serie
de características que le hace único. La necesidad de un
flujo mínimo de materia para crear el efecto estatocolector implica
que el motor principal sólo puede actuar a velocidades superiores
al 1% de la velocidad de la luz. A partir de ese punto, cuanto más
deprisa se mueva la nave, tanto más eficiente resulta la propulsión...
y menos duración relativa tiene el viaje. El problema aparece cuando
la velocidad se encuentra ya bastante cercana a la velocidad de la luz.
En este caso, podría pensarse que el rendimiento del motor disminuiría
al aumentar la masa de la nave debido a los efectos relativistas... pero
en la práctica, como la masa de los átomos que ingresan en
el colector también se incrementa exactamente en el mismo factor,
el efecto se cancela. Más serio es el problema de la velocidad de
escape de los gases. En efecto, la salida del reactor de fusión
se puede mover, como máximo, a la velocidad de la luz. Pero cuando
la nave ya se está moviendo cerca de esa barrera, el gradiente de
velocidad entre la entrada de material en la tolva y la salida del chorro
de escape, que determina el empuje del motor, tiende asintóticamente
a cero. Esto significa que al principio del viaje la nave tendrá
una excelente capacidad de aceleración, pero conforme se vaya aproximando
a "c" esta capacidad desaparecerá... hasta quedarse prácticamente
sin empuje en las proximidades del límite de la velocidad de la
luz.
Otro interesante efecto secundario es que en aquellos modelos en los
que la reacción termonuclear es autosostenida, la misma no puede
desconectarse. Es decir, el motor tiene que permanecer todo el tiempo en
funcionamiento, porque de apagarse resultaría muy difícil
volver a encenderlo. Esto es particularmente problemático en el
proceso de deceleración, pues resulta evidente que en un momento
dado la nave se va a quedar sin el flujo suficiente de materia para mantener
encendido el horno nuclear... lo que puede que a su vez afecte a la energía
necesaria para mantener los campos electromagnéticos de la tolva
que actúan como blindaje antiradiación para la tripulación.
Se ha argumentado que en las proximidades de un sistema solar, la mayor
concentración de materia permitiría un funcionamiento mas
prolongado del reactor, nutriéndose incluso de las partículas
procedentes del viento solar. Pero tampoco es menos cierto que el nivel
de escombros crece exponencialmente cuanto más profundamente se
ingresa en el sistema... y que un micrometeorito no es susceptible de ser
detenido ni deflectado por un campo magnético. De ahí la
necesidad imperiosa de utilizar un motor auxiliar que nos permita movernos
dentro de un sistema planetario y actúe como fuente de alimentación
destinada a mantener los sistemas de soporte vital, sistema de ionización,
control de plasma y draga magnética.
Soporte vital.
La capacidad de una nave estatocolectora de incrementar su rendimiento
conforme aumenta su velocidad las hace particularmente adecuadas para el
tránsito entre sistemas a velocidades relativistas. El perfil típico
de una misión de este tipo consta de las siguientes fases.
-
Lanzamiento desde el planeta madre. Seria preferible que en esta fase se
dotara a la nave de una alta velocidad inicial... y que no fuera necesario
arrancar la propulsión secundaria hasta no estar bastante alejados
de la base, para evitar el bombardeo del punto de origen con las radiaciones
duras del escape.
-
Aceleración primaria. La duración de esta fase viene determinada
por la eficiencia del motor secundario utilizado (la capacidad de aceleración
de un motor iónico es muy inferior a uno de fusión, por ejemplo)
y por la necesidad de abandonar el área de influencia del sistema
solar de origen, para minimizar la posibilidad de colisión con cualquier
tipo de escombros. En el caso de utilizar sistemas de alta eficiencia,
como un motor de fusión, la capacidad de aceleración de la
nave estará limitada por el aguante de la tripulación. En
efecto, una aceleración de 1 g durante un período de tiempo
prolongado no afecta para nada al organismo... pero si subimos esa aceleración
a dos gravedades, la cosa empieza a no estar tan clara. Y aceleraciones
mayores, que redundan en un menor tiempo de tránsito, son inaceptables
para el organismo durante períodos de tiempo prolongados. Por tanto,
a menos que se utilice un sistema de cancelación de la inercia que
en este momento no existe, la aceleración en esta fase vendrá
limitada por la tolerancia fisiológica a la aceleración de
la tripulación.
-
Encendido del estatocolector. A partir de este punto, resulta más
y más barato acelerar: el rendimiento de la nave mejora hasta que
se mueve relativamente cerca de la velocidad de la luz, en cuyo caso comienza
a empeorar. Este es el momento en el que la nave pasa a propulsarse a partir
del hidrógeno interestelar, ahorrando combustible para el sistema
de impulsión secundario. Durante esta fase del viaje la tripulación
se ve afectada por los efectos relativistas de la contracción temporal,
que disminuye la duración del viaje.
-
Activación del sistema de frenado. A medio camino (antes, si los
motores de frenado tienen menos rendimiento que el motor principal), debe
desconectarse la propulsión principal, activándose los motores
de frenado. Por razones de estabilidad, parece mejor utilizar un sólo
impulsor principal... y varios motores de frenado distribuidos uniformemente
sobre el frontal de la nave.
-
Desconexión del estatocolector: activación de la impulsión
secundaria. A una determinada distancia del punto de destino, cuando la
velocidad caiga por debajo del punto crítico de la reacción
autosostenida, la propulsión principal se desconectará automáticamente.
Es un punto delicado: la tripulación deberá evaluar las características
del sistema solar de destino y decidir si merece la pena detenerse... o
pasar otro par de años en busca de un sistema mas adecuado, porque
la operación de desconectar la propulsión principal puede
resultar irreversible.
-
Frenado con el sistema secundario. Dependiendo del tipo de perfil de misión
seleccionado, frenaremos con mayor o menor intensidad buscando un equilibrio
entre las necesidades de disminuir el tiempo de tránsito y la aceleración
máxima que puede ser soportada por la tripulación.
¿Qué características debe poseer el sistema de soporte
vital de una nave preparada para desarrollar este perfil?. En primer lugar,
durante la mayor parte del viaje la nave está bajo aceleración.
Si
consiguiésemos mantener un valor constante de una gravedad durante
la mayor parte del trayecto, eso haría mucho mas confortable la
estancia. El problema es que en viajes prolongados la nave acabaría
por acercarse tanto a la velocidad de la luz que resultaría imposible
mantener ese nivel de aceleración. Sería por tanto recomendable
disponer de un sistema para generar gravedad auxiliar, por ejemplo, mediante
fuerza centrífuga. Además, podrían desarrollarse mecanismos
para facilitar a la tripulación ayudas para soportar períodos
de alta aceleración.
En segundo lugar, cualquier nave estatocolectora debe diseñarse,
en principio, como una nave generacional. La razón es bien sencilla:
los periodos de tránsito entre sistemas solares diferentes son del
orden de lustros, incluso contando con la dilatación temporal relativista.
Y eso sin tener en consideración los tiempos de tránsito
intrasistema, que pueden llegar a ser también bastante prolongados.
Por tanto es necesario disponer de algún tipo de ecosistema cerrado
autorregulado capaz de proporcionar aire, agua y alimentos a la tripulación
para un viaje de años.
Por ultimo, existen diferentes estrategias para abordar el problema
de los tripulantes durante un vuelo tan prolongado. La más sencilla
es, directamente, no llevar tripulación: la misión constaría
tan solo una nave sembradora, completamente automática, cargada
de embriones que serían "activados" en el punto de destino. Esta
es la opción que menor tiempo de tránsito tiene, puesto que
permite las más altas aceleraciones. Presenta el inconveniente de
que el desarrollo de los embriones a la llegada no es precisamente evidente.
Otra alternativa, relacionada con la anterior, sería transportar
a la mayor parte de la tripulación en estado de hibernación,
manteniendo despiertos solamente a aquellos individuos necesarios para
el funcionamiento mínimo del sistema. La ultima opción sería
mantener a todo el mundo despierto durante todo el viaje. Esta es sin duda
la solución más conflictiva: por los problemas de ecosistema
que presenta, por las tensiones sociales derivadas de la convivencia dentro
de un espacio asfixiantemente claustrofóbico como el correspondiente
a una nave espacial durante un viaje de años, etc.
Protección frente a radiación
Una nave estatocolectora presenta un ambiente ciertamente hostil para
cualquier tipo de soporte vital. En efecto, los tripulantes están
literalmente rodeados por intensas fuentes de radiaciones de diferentes
tipos: neutrones procedentes de la antorcha, rayos gamma generados en el
escape del motor de fusión, etc. Además, tenemos el problema
de los átomos de materia interestelar que no son atrapados por la
draga magnética y acaban colisionando con la nave. Este bombardeo
acabaría por erosionar el casco de la nave y destruiría a
su tripulación en un breve período de tiempo.
En cuanto a soluciones, a lo largo del artículo se han comentado
unas cuantas. Alejar el motor de fusión el máximo posible
respecto del habitáculo de la tripulación y blindarlo con
un absorbente de neutrones minimiza los riesgos. En cuanto a la materia
interestelar, existen varias alternativas. Por ejemplo, la utilización
de un escudo de ablación que se movería por delante de la
nave (o dentro de la misma entre la tolva colectora y el habitáculo
de la tripulación) y que podría incluso emplearse como masa
secundaria de propulsión (utilizando agua, por ejemplo) o bien el
hipotético desarrollo de campos capaces de manejar materia neutra
susceptibles de ir "barriendo" el espacio por delante de la nave. O simplemente,
el concepto de "nave piedra": un asteroide perforado al que se le dota
de un reactor de fusión y en cuyo interior se situarían los
habitáculos de la tripulación.
Comunicaciones y navegación
Las comunicaciones de la estatocolectora con el planeta de origen tienen
una serie de problemas básicos. El primero, y más importante,
viene determinado por la propia naturaleza del sistema de impulsión:
resulta muy difícil emitir ningún tipo de radiación
a través del infierno desatado del escape de un motor de fusión.
Para conseguir comunicarse con el planeta de origen sería necesario,
bien remolcar una antena fuera del radio de influencia del escape del reactor,
bien detener momentáneamente el mismo, siempre que eso sea posible,
con el fin de transmitir y recibir información.
El segundo problema de las comunicaciones sólo se presenta cuando
la nave se está desplazando a velocidades relativistas. En este
momento, el corrimiento doppler de las señales de telecomunicación
se hace bastante importante. Se puede pensar en compensarlo en el caso
de la portadora, pero para la información modulada puede ser un
problema crítico. Especialmente porque el corrimiento no es constante,
sino que varia con el valor instantáneo del vector de impulso de
la nave.
Este mismo problema aparece también en relación a la navegación.
En efecto, la transición a efectos relativistas desfigura completamente
el aspecto de las estrellas que rodean a la nave: las que están
al frente experimentan un corrimiento al azul, las que quedan detrás,
un corrimiento al rojo. A velocidades elevadas puede ser bastante complicado
el establecer la correlación entre los tipos estelares detectados
y los tipos estelares reales de las estrellas de referencia.
Por último, el propio mecanismo de dilatación temporal
que hace más llevadero el viaje, al hacer más lento el paso
del tiempo en la nave, es un arma mortal contra la comunicación:
en efecto, cuando a 0,9c los mensajes procedentes del planeta madre tardan
un par de años en alcanzarte, deja de tener mucho sentido contestar
a los mismos.
Las estatocolectoras en la ciencia ficción
Los escritores del genero siempre han sabido reconocer las especiales
bondades de las naves estatocolectoras como vehículos interestelares.
Una de las especulaciones mas osadas e interesantes sobre el tema nos la
ofrece Poul Anderson en su novela "Tau Cero". La misma nos narra
el viaje de una nave estatocolectora que, a mitad de camino sufre una colisión
con una nube de materia en condensación y pierde su capacidad de
frenado. Los tripulantes se ven abocados entonces a acelerar continuamente
en busca de un lugar en el que la densidad de materia sea lo suficientemente
baja como para desconectar los campos de protección y proceder a
la reparación de la nave... al tiempo que experimentan los efectos
relativistas derivados de una velocidad cada vez mas cercana a la de la
luz.
El diseño de la estatocolectora de Anderson esta particularmente
cuidado. Corresponde al de una nave interestelar típica, con sistema
de propulsión y frenado independientes y draga magnética
generada por superconductores refrigerados por helio. El motor secundario
es un impulsor ionico. El problema de la materia neutra se resuelve mediante
el empleo de campos electromagnéticos variables que interactuan
con los átomos mediante fuerzas magnetohidrodinámicas. El
peor defecto técnico de la obra esta precisamente en el abuso de
este tipo de campos: el reactor de fusión esta fijado mediante campos,
el encaminamiento de materia a la tolva se lleva a cabo por los mismos,
e incluso se propone un sistema de cancelación de la inercia, bastante
increíble, por cierto, que se apoya en estos efectos.
La novela también hace hincapié en el carácter
generacional de este tipo de naves, con sistemas de reciclado de aire y
alimentos basados en modelos biológicos capaces de generar un ecosistema
estable durante un periodo de tiempo bastante prolongado. Las relaciones
interpersonales en una misión de este tipo también están
magníficamente retratadas.
En la misma línea tenemos "Efímeras", de Kevin O’Donnell
Jr. En este caso, la nave es muchísimo mayor que la de Anderson
y esta pilotada por un ordenador cyborg, que utiliza componentes biológicos
y electrónicos. Precisamente los problemas comienzan cuando el cerebro
humano que forma el elemento biológico de la nave recupera su conciencia
e intenta adaptarse a su nueva situación. Lamentablemente, una de
sus primeras acciones consiste en apagar, de modo casi inconsciente, el
reactor de fusión, con lo que la nave queda privada de empuje: un
viaje que debería haberse completado en el curso de pocos años
se convierte en un autentico arrastrarse entre las estrellas. La descripción
del cyborg casi inmortal que pilota la nave y la adaptación de sus
tripulantes desde un viaje de transito a una nave generacional son simplemente
magnificas.
Desde el punto de vista técnico, la nave de "Efímeras"
es también un modelo de espacio profundo destinado a la colonización.
El tamaño es enorme, para dar acomodo a una tripulación bastante
numerosa. La nave es de un solo uso: al llegar al planeta de destino, los
materiales de la misma deberían de ser utilizados para ofrecer materia
prima para la nueva colonia.
El sistema de captación de materia se basa también en
campos capaces de manejar materia neutra, aunque la descripción
de los mismos es bastante mas vaga que en el caso de "Tau Cero". Además,
esta dotada de generadores locales de gravedad. La nave, como todo modelo
generacional, esta dotada de un ecosistema cerrado: precisamente uno de
los problemas mas graves con los que se encuentran durante el viaje es
el desequilibrio inducido en dicho ecosistema por la introducción
de un animal que es utilizado como arma en la peculiar guerra que tienen
el componente biológico y el componente electrónico por el
control de la nave.
Otro punto muy bien tratado, es el del encuentro con otras razas alienígenas
que cruzan el espacio utilizando el mismo sistema de impulsión:
la identificación de los patrones de emisión de los escapes
de las estatocolectoras esta particularmente conseguida. Estos encuentros
con otras razas no siempre resultan agradables: su primera experiencia
es con una nave de violadores de mentes que les vuelven particularmente
paranoicos a la hora de abordar nuevos contactos.
Gregory Benford es un autor particularmente comprometido con el tema
de las estatocolectoras. En su novela "A través del mar de soles",
la nave Lancer lleva a cabo un viaje a los sistemas estelares mas cercanos
a la Tierra que acaba por conducir al protagonista hasta el mismísimo
corazón de la galaxia... mientras que la Tierra sufre el ataque
de una civilización de inteligencias mecánicas. La nave de
Benford tiene elementos ciertamente originales. Para empezar, utiliza superconductores
orgánicos de alta temperatura para el diseño de la draga
magnética. Además, emplea una reacción nuclear catalizada
libre de neutrones, semejante a las de ciclo de Bethe de las estrellas...
aunque no explica el mecanismo por el que reproduce las presiones y temperaturas
presentes en dicho medio. Por ultimo, responde al esquema de nave dotada
de un único tipo de motor: el reactor de fusión se alimenta
tanto de la materia interestelar en los tránsitos entre sistema
como de la masa de reacción interna para las fases de aceleración
y frenado.
Por lo demás, el sistema de soporte vital es ciertamente curioso.
El Lancer esta construido utilizando un asteroide modificado, que proporciona
protección frente a la radiación, materia prima, cultivos
hidropónicos e incluso posiblemente masa de reacción para
la antorcha de fusión. La gravedad artificial se consigue mediante
rotación en torno al eje principal de la piedra. Con una tripulación
activa en torno al millar de personas, el Lancer esta también dotado
de un sistema de almacenamiento criogénico para disminuir los requerimientos
del sistema de soporte vital en desplazamientos prolongados... aunque en
la dinámica social propia de los largos viajes por las estrellas
acaba siendo destinado a usos muchísimo mas siniestros...
Otro elemento interesante es que las tareas de mantenimiento se llevan
a cabo mediante robots controlados mediante sistemas de realidad virtual,
incluyendo la limpieza del colector de las impurezas acumuladas durante
el viaje.
En la misma línea tenemos el relato "Efectos relativistas", muy
semejante a uno de los capítulos de "A través del mar de
soles". "Efectos relativistas" es un homenaje a "Tau Cero", de la que toma
el argumento principal: la nave estatocolectora que ha perdido la capacidad
de frenado y se ve obligada a seguir acelerando hasta el fin del universo.
Las características de la estatocolectora de este relato son en
todo semejantes a los del Lancer: telemantenimiento mediante remotos pilotados
por sistemas de realidad virtual, superconductores orgánicos y reacción
termonuclear catalizada.
Benford hace otra incursión en el tema con "Redentora", donde
narra las peripecias de una nave estatocolectora que es asaltada por una
nave mas rápida que la luz procedente de la Tierra para hacerse
con sus reservas de material genético. El esquema de "Redentora"
es mas próximo a la nave de "Efímeras", por cuanto el piloto
de la misma es también un cyborg. Por lo demás, en este caso
Benford utiliza un perfil de misión basado en una tripulación
mínima, con el resto de los colonos hibernados o transportados en
forma de material genético. Este esquema, junto con la utilización
de un piloto cyborg capaz de despertar a la tripulación hibernada
para la resolución de situaciones concretas, es el optimo desde
el punto de vista de tiempo de transito, pues permite las aceleraciones
mas altas para alcanzar las velocidades relativistas que disminuyen el
tiempo nave de viaje. Esta solución se utiliza también en
"Sudario de estrellas", donde las comunicaciones y los viajes personales
se llevan a cabo mediante naves taquionicas mas rápidas que la luz,
mientras que el transporte de mercancías, con menos requisitos de
soporte vital y tiempo de transito mas prolongado, esta encomendado a las
naves estatocolectoras automáticas. Esto favorecía el desarrollo
de una economía con una planificación de décadas:
uno planeta podría adquirir un determinado cargamento que tardase
todavía cinco años en llegar...
Otro gran paladín de las estatocolectoras en la ciencia ficción
es Larry Niven. En sus dos grandes novelas, "Mundo Anillo" y "Los ingenieros
del mundo anillo", Niven nos cuenta las aventuras de una tripulación
multiracial en la exploración de una mega estructura: el Mundo Anillo,
gigantesca obra de ingeniería planetaria consistente en un anillo
que rodea completamente a su sol, mientras el sistema completo se desplaza
fuera de la galaxia huyendo de la explosión del núcleo. La
civilización que construyo esa estructura utilizaba estatocolectoras
para el transporte de mercancías entre el Mundo Anillo y los sistemas
estelares que los habitantes del mismo utilizaban como bases de suministro.
Precisamente a través de uno de esos circuitos de transporte llegan
al Mundo Anillo los hongos responsables de la degeneración de los
superconductores de alta tecnología que en ultima instancia producen
el hundimiento de su civilización. Estas estatocolectoras utilizan
superconductores de alta temperatura y campos manipuladores de materia
para obtener el combustible para su generador de fusión. Además,
utilizaban un modelo semigeneracional, con estancias del orden de cinco
años en el espacio interestelar, desacelerando al llegar al puerto
de destino mediante un sistema electromagnético.
Además de estas naves de transporte del mundo anillo, otra de
las razas que poblaba la galaxia, los titerotes, utilizaban dragas magnéticas
para recoger deuterio interestelar con destino a los omnipresentes motores
de fusión montados en la mayor parte de las naves que aparecen en
el fascinante universo retratado por el libro.
Niven retoma el tema de las estatocolectora en "Un mundo fuera del tiempo".
Por cierto que el planteamiento de esta novela es ciertamente original:
en lugar de moverse a baja velocidad dentro del sistema planetario y acelerar
en el espacio interestelar, Niven aprovecha la riqueza de materia en los
alrededores de una estrella para acelerar y desarrollar una trayectoria
a velocidad constante en el espacio interestelar. Lógicamente, el
rendimiento del motor es perfecto, pero como solo utiliza campos electromagnéticos
para la captación de materia, no queda particularmente claro como
consigue evitar los efectos derivados del bombardeo de partículas
ni de la colisión con escombros planetarios...
Por ultimo, en la novela de Aguilera y Redal "Hijos de la Eternidad"
aparece una nave estatocolectora llamada "Konrad Lorentz". Esta nave responde
al esquema clásico de nave generacional: un cilindro de unos 20
Km de longitud y unos dos de diámetro, draga magnética clásica
sin sistema de ionización y gravedad inducida por rotación,
en cuya cara interna podían encontrarse casas, jardines y parques.
Al igual que en "Efímeras", la nave esta gobernada por un tandem
biológico y cibernético: un ordenador super avanzado que
trabaja junto con un delfín modificado genéticamente. La
Konrad Lorentz forma parte de una flota de miles de naves del mismo tipo
construidas en órbita con propósitos de colonización:
los pasajeros viajan despiertos la duración de un viaje que mas
que interestelar resulta casi intergaláctico...
Como conclusión, la nave estatocolectora ofrece el mejor camino
posible para la exploración interestelar. Una vez desarrollado un
motor de fusión viable, una sonda basada en esta tecnología
tendría una alta capacidad de aceleración, autonomía
casi indefinida y no plantearía unos problemas excesivos de protección
para la electrónica asociada. Aplicada a una nave interestelar tripulada
seria necesario resolver los problemas de soporte vital comentados en el
articulo. Además, seria necesaria una tecnología de protección
que no esta actualmente desarrollada. En cualquier caso, si algún
día nuestros astrónomos detectan una estela de fusión
procedente de una estrella cercana, posiblemente procederá de una
de estas naves cruzando en solitario el vacío abismo entre los soles...