Naves espaciales
en el universo de Akasa Pupsa
Uno de los aspectos más fascinantes del
universo de Akasa-Puspa es el número y la diversidad de naves espaciales
que se dan cita en el mismo. Desde los relativamente simples veleros de
luz de la Utsarpini y la Hermandad a las sofisticadas naves dotadas de
impulso hiperlumínico de los colmeneros, uno puede encontrar prácticamente
todos los tipos de navío interestelar concebidos por el ingenio
humano. A continuación haremos un breve resumen de las características
más destacadas de algunas de ellas.
Cabalgando
el viento del sol: Veleros de Luz
Akasa-Puspa es un cúmulo globular en el
que las estrellas se encuentran literalmente "amontonadas" en apenas un
volumen de 150 años luz de diámetro. La cantidad de fuentes
de radiación es tal que en ocasiones resulta difícil distinguir
la noche del día. En estas condiciones, no es de extrañar
que la nave estándar para la colonización y la expansión
por el interior del cúmulo fuese el velero solar. El principio básico
en el que se apoya es bien sencillo. Cualquier estrella emite hacia el
exterior un flujo constante de fotones y otras partículas. Un velero
solar se basa en que este flujo, llamado "viento del sol", puede ser recogido
en una vela y utilizado como medio de propulsión. En efecto, aunque
carente de masa, la luz sí que tiene momento cinético. Y
ese momento puede ser transferido a la vela, generándose un impulso.
El empuje que genera este sistema es minúsculo, del orden de millonésima
de newton por metro cuadrado expuesto a la presión de la radiación.
Pero tiene la ventaja de que es constante y gratuito, y puésto que
en el espacio no existe rozamiento, cualquier velocidad adquirida mediante
este procedimiento permanecerá así casi indefinidamente.
Una nave propulsada por una vela de fotones es capaz de ir saltando entre
las estrellas del cúmulo globular sin necesidad de combustible.
Además, resultan relativamente baratas de construir: todas las tecnologías
implicadas están actualmente a nuestro alcance. Es lógico,
pués, que el navío de guerra normalizado tanto de la Utsarpini
como de la Hermandad sea el velero de fotones.
Sin embargo, estos veleros tienen algunos inconvenientes.
En primer lugar, son naves que solo funcionan en el espacio: son necesarias
instalaciones orbitales para poder transbordar la carga útil desde
la superficie del planeta. En el caso de Akasa-Puspa, éste no es
un inconveniente grave, puésto que todos los planetas del sistema
están dotados de ascensores espaciales (las llamadas "babeles"),
que permiten el transporte de personas y mercancías desde la superficie
del planeta a la órbita geosíncrona con un coste mínimo.
En segundo lugar, la presión que genera la luz es muy reducida y
disminuye conforme nos alejamos del sol según una relación
cuadrática: la máxima eficiencia solo se consigue en la parte
interna del sistema solar. Son naves de baja aceleración, y por
tanto con tiempos de tránsito y maniobrabilidad reducidas: en "Mundos
en el abismo" se explica como la
Purandana, la nave insignia de
Khan Karole habría necesitado dos días para completar con
éxito una maniobra de aproximación a otra nave que pretendía
emparejarse a ella. En la misma obra, la Vajra
necesita más
de 35 minutos para apuntar sus armas contra un velero enemigo. Es evidente
que cualquier confrontación espacial en una nave de estas características
precisa de unos nervios especialmente templados para enfrentarse a las
largas pausas entre las acciones.
Para aprovechar mejor la presión de la
radiación, la respuesta más evidente es utilizar la máxima
superficie de vela. Pero eso supone utilizar un velamen del orden de hectáreas...
lo que dificulta enormemente su gestión. Especialmente problemática
puede resultar la aparición de ondas estacionarias, debidas a cambios
de gradiente local en la presión recibida. También resulta
difícil el cambio de orientación de la nave y es necesario
un tipo de material extraordinariamente fino y reflectante para su construcción.
Por último, la navegación solar tiene sus propias peculiaridades.
Por ejemplo, solo proporciona aceleración hacia el exterior del
sistema, en dirección contraria a la fuente de luz que proporciona
el impulso. En principio, esto no es un problema: una nave que se dirija
hacia el sol tiene que frenar su velocidad para entrar en una órbita
más baja y una nave que abandone el sistema solar tiene que aumentarla
para escapar de la atracción gravitatoria de la estrella. Los problemas
aparecen cuando se quiere cambiar bruscamente de dirección o navegar
acelerando en contra de la presión de la radiación: para
eso es necesario utilizar algunas estrategias especiales, incluyendo la
posibilidad de plegar o cambiar la orientación de una vela de kilómetros
cuadrados de superficie. Esta necesidad es especialmente importante en
el caso de que el velero necesite atracar en una instalación espacial.
¿Cómo se ha enfrentado la tecnología
de la Utsarpini a estos problemas?. Como dijimos al principio, las condiciones
en el interior del cúmulo son especialmente favorables para este
tipo de navegación. La Vajra, por ejemplo, es capaz de conseguir
aceleraciones del orden de centésima de g. que es un valor altísimo
para un velero de estas características. Su sistema de impulsión
está constituido por doscientas velas solares dispuestas como los
pétalos de una flor. Estas velas están formadas por un material
superligero aluminizado, de dos micras y media de espesor y cinco kilómetros
de radio. Las velas son desplegables mediante un sistema sumamente ingenioso.
Inicialmente, están contenidas en dos anillos que rodean la parte
anterior y posterior del casco de la nave. Para desplegarlas, el anillo
empieza a girar... y la fuerza centrífuga se encarga de soltarlas
y mantenerlas tensas, evitando así las oscilaciones parásitas
derivadas de un flujo irregular de radiación. La rotación
de la nave proporciona así mismo gravedad al casco principal, imprescindible
para los largos periodos de navegación inherentes a este tipo de
viajes. En condiciones de combate, existe un embrague que permite detener
el giro del cuerpo de la nave manteniendo la rotación del soporte
de las velas, de modo que se pueda apuntar y disparar cómodamente
el armamento . La maniobrabilidad del velero se consigue modificando en
las direcciones adecuadas los paneles de las velas, que son rotativos respecto
de su eje principal, como las aspas de un helicóptero. Por otra
parte, la capacidad de cambiar la orientación de las mismas a voluntad
tiene unos usos partícularmente interesantes. Por ejemplo, curvando
ligeramente los paneles puede construirse una antena parabólica
de 10 Km. de diámetro que permite recoger las señales radioeléctricas
procedentes de una fuente remota con una importante ganancia. El mismo
principio se utiliza para convertir al velamen en un eficacísimo
colector solar (que forma parte indispensable del sistema de soporte vital)
o incluso en un sistema de armamento (recuérdese el ataque a la
manada de Juggernauts en "Hijos de la Eternidad").
Pese a todo, no puede decirse que sea un sistema
exento de inconvenientes. La rotación que tensa las velas y proporciona
gravedad artificial genera también un momento de giro que estabiliza
por efecto giroscópico el desplazamiento: sacar a una nave como
la Vajra de su trayectoria es francamente complicado. Y modificar
la actitud de los paneles a la velocidad suficiente como para poder generar
un impulso diferencial (imprescindible para la navegación) requiere
vencer la inercia de los mismos... puésto que aunque estamos hablando
de un material finísimo, del orden de micras de espesor, tampoco
podemos olvidar que tiene cinco kilómetros de radio y una superficie
inmensa. Por último, es necesario tener en cuenta las peculiaridades
de la navegación solar. En efecto, con un velero solar, tenemos
una fuente de radiación central (la estrella del sistema en el que
nos encontremos) y un sistema para captar esa radiación que produce
impulso a partir de la presión recibida. Supongamos que queremos
utilizar esta fuente de impulso para navegar en sentido contrario a la
fuente de radiación. En el espacio no existe rozamiento, por lo
que no se puede navegar dando bordadas, como en un velero terrestre, en
contra del viento. Pero sin embargo, podemos utilizar otra fuerza mucho
más importante: la gravedad. De este modo, aprovechando el tirón
gravitatorio de un planeta el velero puede acelerar teniendo al sol a favor
y permanecer en caída libre cuando la radiación frontal impida
el impulso. De este modo se puede ir ganando poco a poco velocidad o incluso
cambiar bruscamente de trayectoria. Pero es un sistema lento y poco eficaz
si no se dispone de un planeta que proporcione un ancla gravitatoria a
nuestra navegación.
Para solucionar estos problemas, los veleros solares
de Akasa-Puspa son en realidad naves mixtas: utilizan la vela solar para
desplazarse en condiciones favorables, pero están también
dotadas de un impulsor de masas como propulsor auxiliar. El principio de
funcionamiento es bien sencillo: se coge cualquier tipo de materia, se
la reduce a un polvo ultrafino, se ioniza o se convierte en un plasma y
se inyecta en un acelerador lineal en el que unos campos eléctricos
convenientemente dispuestos la impulsan a una enorme velocidad fuera de
la misma. Si la velocidad de salida es lo suficientemente alta, éste
es uno de los sistemas de propulsión no nucleares más eficientes
que pueden concebirse. El impulsor de masas de la Vajra es una espiga
de dos kilómetros de longitud que se utiliza básicamente
para las maniobras de aproximación planetaria (resulta difícil
atracar en una babel llevando desplegados 30.000 metros cuadrados de vela
solar) o como impulsor de emergencia, puésto que la aceleración
que proporciona es varios ordenes de magnitud superior a la de las velas.
El inconveniente es que precisan masa de reacción: se necesita cargar
combustible para el impulsor, que a su vez incrementa el peso de la nave,
que a su vez disminuye su capacidad de aceleración. De aquí
que sea necesario llegar a un compromiso con su empleo. Normalmente se
utiliza solamente para escapar de la órbita de un planeta (donde
las escasas aceleraciones de la vela solar penalizarían con un retraso
de semanas la operación) o en condiciones de emergencia en las que
es necesario conseguir un tiempo de respuesta más rápido
que el de los paneles.
Existe sin embargo otra alternativa: la utilización
de un "sol" artificial en forma de rayo láser extraordinariamente
intenso y estrecho. Este procedimiento tiene la ventaja de que proporciona
una aceleración constante e independiente de la trayectoria, incluso
frente a la presión de la radiación solar. Además,
soluciona también el problema de la baja intensidad del viento de
partículas en el sistema solar externo, haciendo factible la vela
de fotones como nave interestelar. Como inconvenientes, que la aceleración
que proporciona el láser es proporcional a su potencia e inversamente
proporcional a la masa de la nave. Si queremos aumentar la velocidad, es
necesario utilizar mas potencia... pero eso se traduce en un incremento
del calentamiento de la vela, porque algunos de los fotones que inciden
sobre la misma no son reflejados, sino absorbidos, y eso la calienta. El
sistema de frenado/aceleración mediante láser con base asteroidal
es utilizado en los veleros solares que efectúan el transbordo de
mercancías con los ricksaws del sistema cadena, al que nos referiremos
más adelante.
En conclusión, los veleros solares ofrecen
la alternativa más económica posible a la navegación
estelar. Son baratos, de una eficiencia increíble (no necesitan
combustible para viajar de una estrella a otra), tecnológicamente
sencillos y están soberbiamente adaptadas a las condiciones del
cúmulo globular. Sus inconvenientes son su baja capacidad de aceleración
y su lento tiempo de respuesta a la maniobra, pero si se las dota de un
impulsor auxiliar, como en el caso de los veleros de Akasa-Puspa, estos
problemas quedan muy minimizados.
La fuerza
de un imperio: Naves de Fusión
En cierto sentido, las naves del imperio son la
antítesis de los veleros de la Utsarpini. Éstas son astronaves
adaptadas al medio en el que se desplazan, que no necesitan combustible
para viajar entre las estrellas y que pueden ser construidas, mantenidas
y gobernadas con un mínimo de tecnología. El imperio, por
el contrario, utiliza impresionantes naves de alta tecnología. Donde
los veleros son sencillos y manejables por un equipo escasamente entrenada,
las naves imperiales necesitan años para adiestrar a sus tripulantes.
Donde los veleros cargan con una tripulación numerosa, los navíos
imperiales apenas si llevan dotación. Distancias que los veleros
pueden tardar meses o años en recorrer son cubiertas por el imperio
en semanas. Y todo esto con un nivel de maniobrabilidad que supera al de
cualquier otro tipo de astronave en el espacio de Akasa-Puspa
La clave de esta abismal diferencia se encuentra
en el desarrollo de la tecnología de fusión nuclear. La antorcha
de fusión es, en esencia, una pequeña estrella en el corazón
de la nave, en la que los átomos de hidrógeno se funden para
dar helio con un enorme desprendimiento de energía. En concreto,
el motor de la Vijaya parece ser un reactor de fusión inercial.
Funciona inyectando pastillas de deuterio y helio 3 en el núcleo
del reactor donde, tras ser comprimidas mediante poderosos haces de electrones
concentrados, estallan liberando su energía. La ventaja de esta
reacción respecto de la que utiliza deuterio y tritio (empleada
en las armas nucleares por ser mucho más fácil de arrancar)
es que como subproducto solo da una partícula alfa y un protón,
ambos fácilmente manejables mediante campos magnéticos. El
inconveniente, que utiliza He3, un isótopo del helio muy raro en
la naturaleza pero que puede conseguirse en los gigantes gaseosos. El proceso
se repite 250 veces por minuto, por lo que en realidad el impulsor de fusión
de una nave de este tipo podría considerarse como un reactor pulsante.
La reacción nuclear (equivalente a la explosión
de una minibomba de hidrógeno) es confinada por medio de potentes
campos magnéticos dentro de un área restringida del reactor.
Estos campos magnéticos sirven también para "dirigir" el
chorro de partículas y radiaciones derivados del estallido hacia
las toberas magnéticas. Precisamente este chorro de plasma y radiación
es lo que convierte a los motores de estas naves en su arma más
poderosa.
El impulso que genera el motor se canaliza básicamente
de dos modos. Por una parte, el estallido puede "rebotarse" contra un espejo
que focaliza la energía desprendida por el mismo, de un modo semejante
al que se utiliza en un motor Orion (donde las explosiones nucleares no
son producidas mediante mini bombas H, sino mediante bombas atómicas
convencionales). Por otra, el chorro de plasma supercalentado puede guiarse
mediante toberas magnéticas para su eyección. Por último,
podría utilizarse una especie de postcombustion inyectando un chorro
de hidrógeno en el plasma super caliente a fin de incrementar la
masa de reacción que expulsa el motor e incrementar de este modo
su rendimiento.
Las ventajas de esta tecnología son evidentes.
La energía desprendida por la reacción nuclear es inmensa:
del orden de 10 millones de veces superior a la de un cohete químico,
por ejemplo. Aunque buena parte de esa energía debería canalizarse
en el mantenimiento de los poderosísimos campos magnéticos
que mantienen confinados el plasma, las aceleraciones resultantes son increíbles;
el límite de las mismas viene determinado por la tolerancia biológica
a la aceleración, que se cifra en torno a 10 g. En cualquier caso,
estas naves son capaces de mantener aceleraciones sostenidas de 1g durante
semanas, lo que les permite una velocidad punta que ronda la mitad de la
velocidad de la luz. Con tan altas velocidades y los efectos relativistas
derivados de las mismas, el tránsito entre estrellas dentro del
cúmulo globular, (que recordemos, tiene 150 años luz de diámetro)
es una cuestión de años, en vez de las décadas o los
siglos de otros sistemas.
Además, la maniobrabilidad de la nave ya
no está comprometida por la existencia de una fuente de radiación
impulsora, como en el caso del velero solar. Las naves de fusión
ya no necesitan describir lentas órbitas de aproximación/aceleración/frenado,
sino que pueden utilizar órbitas hiperbólicas rápidas.
Esto acorta todavía más los tiempos de tránsito y,
sobre todo, les proporcionan una maniobrabilidad envidiable que las hace
prácticamente insuperables en combate abierto salvo para otras de
su tipo
Otra consecuencia de tal superávit de energía
es que cualquiera de estas naves de guerra puede montar más baterías
de mortíferas armas de partículas y láseres (tanto
ofensivas como de defensa de punto antimisil) que cualquiera de las de
sus más próximos rivales. Y eso además del formidable
poder destructivo de sus toberas, en las que el haz de plasma concentrado
mediante campos magnéticos puede convertirse en una arma extraordinariamente
precisa y destructiva a una gran distancia.
El exceso de impulso se traduce también
en una mayor ergonomía. Los habitáculos de la tripulación
y el equipo que la nave puede cargar ya no están limitados por el
impulsor, como en el caso de una vela solar en el que la aceleración
y por tanto su capacidad de maniobra dependen de la masa total del navío.
Así se da la curiosa paradoja de que las naves que tienen que pasar
menos tiempo entre las estrellas son las más confortables, mientras
que las que tienen que arrastrarse durante meses entre los soles, además
son sumamente incómodas al haber tenido que llegar a un compromiso
entre confort y capacidad de maniobra/tiempo de tránsito.
Por último, el motor de fusión permite
salir del pozo de gravedad sin necesidad de utilizar las babeles, lo que
confirió al imperio un gran poder frente a la Hermandad
Sin embargo, no todo van a ser ventajas. En primer
lugar, el reactor de fusión es muy vulnerable. En efecto, un fallo
de unos microsegundos en los campos de contención y la nave se convertirá
en una bola de plasma en expansión. Los sistemas de control del
reactor deben estar dotados de redundancia múltiple y aun así,
son partículamente sensibles, especialmente a los pulsos electromagnéticos
derivados de las explosiones nucleares y que pueden dañar fatalmente
su sofisticada electrónica de control. De hecho, en "Hijos de la
Eternidad", la destrucción de la fragata Javiyah provocó
una reacción termonuclear descontrolada que dió lugar a la
pérdida de dos fragatas más y dos destructores.
Además, las naves de fusión son
muy caras. Por el precio de una sola nave de fusión pueden construirse
muchos veleros de fotones... con el agravante de que el entrenamiento de
la tripulación de un velero puede realizarse en un periodo de tiempo
reducido, pero en el caso de una nave de fusión dura años.
Además, la tecnología de fusión no se limita solamente
al núcleo del reactor, sino que precisa así mismo de una
base informática y electrónica poderosa.
Otro importante problema procede de las enormes
velocidades desarrolladas. Para un velero solar, el flujo de partículas
procedente de las estrellas entre las que navegan es una bendición,
pues le ceden su impulso e incrementan su velocidad. Sin embargo, para
un navío que se mueve a velocidades superiores a un décimo
de la velocidad de la luz, la colisión con la más insignificante
partícula de polvo puede suponer una catástrofe. En efecto,
aunque la partícula de polvo estuviera en reposo, su velocidad relativa
respecto de la nave seria de 0.1c y su energía cinética equivalente
a la de la explosión de una bomba de fusión. La simple colisión
reiterada con átomos a estas velocidades podría suponer la
erosión del casco y la muerte de la tripulación debido a
la radiación desprendida de los choques. Para protegerse contra
estos efectos, las naves del imperio están dotadas de un escudo
ablativo de berilio que va "barriendo" las diferentes partículas
que se encuentren en el camino de la nave antes de que colisionen con el
casco y un campo magnético deflector para proteger a la tripulación
contra la radiación y que apartará de la ruta de la nave
aquellas partículas cargadas con las que pudiera llegar a encontrarse.
Curiosamente, la presencia de este fenómeno de erosión hace
que la forma de estos navíos, que en principio podría ser
cualquiera, en la práctica tenga que ser lo más aerodinámica
posible, a fin de minimizar la superficie presentada al flujo virtual de
partículas lanzadas a un porcentaje significativo de la velocidad
de la luz que pueden encontrarse en su trayectoria. También están
dotadas de baterías láser destinadas a volar cualquier cuerpo
de cierto tamaño que pudiera interponerse en la trayectoria del
vehículo. El problema en este caso no seria tanto la destrucción
como la detección del mismo: a un décimo de la velocidad
de la luz, el tiempo de reacción esta considerablemente reducido
y solo podría encomendarse con alguna posibilidad de éxito
a sistemas informáticos muy evolucionados.
Estas enormes velocidades también afectan
a las comunicaciones. El primero, y más importante, viene determinado
por la propia naturaleza del sistema de impulsión: resulta muy difícil
emitir ningún tipo de radiación a través del escape
de un motor de fusión. Para conseguir comunicarse con el planeta
de origen sería necesario, bien remolcar una antena fuera del radio
de influencia del escape, bien detener momentáneamente el mismo,
siempre que eso sea posible, con el fin de transmitir y recibir información.
El segundo problema de las comunicaciones sólo
se presenta cuando la nave se está desplazando a velocidades relativistas.
En este momento, el corrimiento doppler de las señales de telecomunicación
se hace bastante importante. Se puede pensar en compensarlo en el caso
de la portadora, pero para la información modulada puede ser un
problema crítico. Especialmente porque el corrimiento no es constante,
sino que varia con el valor instantáneo del vector de impulso de
la nave.
Este mismo problema aparece también en
relación a la navegación. En efecto, la transición
a efectos relativistas desfigura completamente el aspecto de las estrellas
que rodean a la nave: las que están al frente experimentan un corrimiento
al azul, las que quedan detrás, un corrimiento al rojo. A velocidades
elevadas puede ser bastante complicado el establecer la correlación
entre los tipos estelares detectados y los tipos estelares reales de las
estrellas de referencia.
Por último, el propio mecanismo de dilatación
temporal que hace más llevadero el viaje, al hacer más lento
el paso del tiempo en la nave, es un arma mortal contra la comunicación
Sin embargo, la mayor desventaja que presentan
estas astronaves es su necesidad de cargar ingentes cantidades de combustible
como masa de reacción. Su capacidad de aceleración es un
arma de doble filo, pués si bien le permite alcanzar velocidades
altísimas, luego las penaliza con la necesidad de disminuir dichas
velocidades en un proceso de deceleración que también consume
combustible. Las misiones deben planificarse cuidadosamente, puésto
que el tiempo de tránsito ya no depende de la velocidad máxima
teórica sino de la cantidad de combustible que la nave pueda cargar.
La relación masa-empuje determina que para alcanzar más velocidad
hay que cargar más combustible, pero para acelerar ese combustible
adicional hace falta más combustible y así sucesivamente.
Hay dos soluciones posibles a este problema: el empleo de contenedores
de reavituallamiento, como en el caso del viaje de la III flora a la Esfera
que aparece en "Hijos de la Eternidad", o bien hacer las naves capaces
de reabastecerse en los planetas gaseosos. En efecto, éstos son
ricos en hidrógeno y helio 3, lo que los hace especialmente aptos
como estaciones de servicios. La Vijaya, la nave del imperio que
visita la Esfera en "Mundos en el abismo", es una nave de este tipo, preciadísima
en tanto que tienen una autonomía no limitada por el combustible
sino por la durabilidad de sus componentes (especialmente el escudo antierosión)
y el cansancio de la tripulación. En cualquier caso, los enormes
depósitos de hidrógeno forman parte integrante de cualquier
nave de este tipo y son una de las áreas más vulnerables
de las mismas.
Astronaves
sin motor: los rickshaw
La creación de un imperio a través
de distancias estelares, aun siendo tan reducidas como las que pueden encontrarse
en el cúmulo de Akasa-Puspa, plantea sus propios problemas. La expansión
y colonización puede llevarse a cabo sin demasiados problemas mediante
velas de luz. El control militar de las colonias se puede encomendar a
una flota más o menos reducida de astronaves de fusión capaces
de atajar cualquier posible sublevación en un plazo de tiempo reducido.
Pero según vimos más arriba, estas astronaves son caras.
Y los veleros, que son económicos, no resultan partícularmente
adecuado para el transporte de mercancías. Esto conduce a una autarquía
en la que el comercio entre las colonias interestelares se ve severamente
restringido. Con vistas a solucionar este problema se monto el Sistema
Cadena. El mismo es de una sencillez conceptual pasmosa. Supongamos que
tenemos cuatro colonias que deseamos interconectar. Cada una de las cuatro
colonias esta separada un año luz y están situadas en los
vértices de un cuadrado. La idea era crear un circuito comercial
entre las mismas. El tiempo de tránsito entre un sistema y otro
es de cuatro años a 1/4 de la velocidad de la luz. Pero si se envían
cuatro naves, el tiempo de llegada entre envíos será de apenas
un año. Si son 8 seis meses y así sucesivamente. Incrementando
la velocidad también se puede reducir el número de naves
para una periodicidad determinada: a 0,5 c serian necesarias solo 4 naves
para que llegase un envío del planeta madre cada seis meses.
El eje del Sistema Cadena era el rickshaw, una
astronave no tripulada construida por cientos de miles de unidades. Básicamente
consistía en un cilindro hueco de aluminio de 1 Km. de longitud
y extremos redondeados (derivados de su sistema de construcción
mediante modelado de un plasma de aluminio mediante campos magnéticos
en el vacío) preparado como vagón de carga para transportar
mercancías entre sistemas estelares. Carecía de propulsores
y se movía por la simple fuerza de la inercia a un cuarto de la
velocidad de la luz.
Puesto que por razones de coste los rickshaw no
tenían impulsores (salvo motores ionicos de control de actitud),
para acelerarlos a su elevada velocidad final se eligió un propulsor
lumínico semejante al de las velas, pero basado en otro principio.
A lo largo de la trayectoria se utilizaron láseres de alta potencia
montados en asteroides. El rickshaw originariamente estaba repleto de hidrógeno
a alta presión: la energía suministrada por los láser
lo calentaba y le proporcionaba impulso. Una vez acelerados a su velocidad
final, el rickshaw ya no precisaba de ningún tipo de impulso de
aceleración adicional, permaneciendo en ese estado indefinidamente.
Los láser también jugaban un papel
importante en el transporte de las mercancías de y desde el rickshaw.
En efecto, el símil perfecto es que con este sistema era necesario
abordar un tren en marcha que se movía a una fracción significativa
de la velocidad de la luz. Para acelerar la carga hasta esas velocidades,
se utilizaron los láseres de propulsión focalizados sobre
velas de luz. El mismo procedimiento se utilizaba a la inversa para decelerar
las cargas en el punto de partida.
De este modo, cuando alguien tenia que transportar
un contenedor desde A hasta B, simplemente lo conectaba a una vela solar,
lo llevaba a la terminal láser y esta lo propulsaba hasta igualar
velocidades con el rickshaw. Una vez allí, el ordenador central
estibaba la carga y proseguía su ruta. Llegados al punto de destino,
el ordenador desestibaba el contenedor, desplegaba su vela solar y lo soltaba:
el láser asteroidal del punto de destino debía de frenarlo
para que pudiera ser recogido por naves convencionales y distribuido por
el sistema.
Al no ser naves tripuladas los requerimientos
de protección de una de estas astronaves eran considerablemente
menores que los de una nave convencional. Sin embargo, tenían los
mismos problemas de protección que las naves de fusión frente
a la erosión interestelar. Para evitarlos utilizaban un sistema
de campos magnéticos barredores que deflectaban las partículas
cargadas que pudieran encontrarse en su ruta combinados con una defensa
láser encargada de destruir los blancos más grandes.
El último problema de diseño del
rickshaw era como cambiar de trayectoria una nave de 1 Km. de longitud
que se mueve a una fracción de la velocidad de la luz sin utilizar
masa de reacción. La solución escogida fue la utilización
de un sistema de propulsión electrodinámico. Para ello, cuando
la nave tenia que cambiar de dirección se desplegaban unos enormes
cables cargados eléctricamente mediante la energía suministrada
mediante paneles fotovoltaicos. En estas condiciones, la energía
eléctrica que circula por el cable interacciona con el campo magnético
que rodea a una estrella y genera una fuerza propulsiva.
El único inconveniente serio del Sistema
Cadena es que es una empresa que debe abordarse a muy largo plazo, con
unas inversiones iniciales altísimas que no empiezan a ofrecer rendimiento
hasta pasadas décadas o incluso siglos, dependiendo de la longitud
de la cadena propuesta. Esto era un freno natural de su expansión
y la principal fuente de problemas para su desarrollo, a pesar de las enormes
ventajas inherentes al mismo.
Viajando entre
las galaxias: Estatocolectoras
Akasa-Puspa es el paraíso de los viajes
espaciales. Estrellas apiñadas en una región del espacio
reducida. Babeles en cada planeta concebidas para abandonar el pozo de
gravedad sin un gasto energético excesivo. El universo en el que
nos ha tocado vivir es mucho más duro: la distancia de la Tierra
al sistema estelar más cercano es de más de cuatro años
luz, cuatro veces la distancia de la expedición de la III Flota
a la Esfera. Ninguna de las naves de las que hemos hablado hasta el momento
seria capaz de cubrir esa distancia de un modo efectivo. Las únicas
que tendrían alguna posibilidad serian las antorchas de fusión
del imperio, pero seria un viaje sin retorno pués la cantidad de
combustible que tendrían que cargar para acelerar a una velocidad
que hiciera el viaje de una duración soportable para la tripulación
es inimaginable. Pero si existe una solución al problema: utilizar
una nave estatocolectora basada en el llamado motor Bussard
Una estatocolectora se basa en que el llamado
vacío interestelar no está, en realidad, tan vacío.
En efecto, la densidad de materia en el espacio entre dos estrellas viene
a ser, aproximadamente, de un átomo por centímetro cúbico,
principalmente hidrógeno. El esquema presentado por Robert W. Bussard
en 1960 proponía la utilización de ese hidrógeno como
combustible y masa de reacción de una nave espacial. Para ello se
utilizaría una draga magnética, capaz de recoger los átomos
presentes en una vasta zona y conducirlos hasta el reactor de fusión
que actúa como impulsor y fuente de energía del vehículo.
Este esquema de funcionamiento determina dos de
las características de diseño más importantes del
motor Bussard: una gran área de barrido frente a la nave, para acumular
el mayor numero posible de átomos y una velocidad mínima
de funcionamiento que se cifra en torno al 1% de la velocidad de la luz.
En efecto, cuanto mayor sea la velocidad, mayor será la cantidad
de materia capturada por la draga y mayor, por tanto, el aporte de combustible
que ingresa en el motor: la densidad relativa del hidrógeno se incrementa
hasta alcanzar un punto en el que la reacción nuclear es autosostenida.
Es necesario por tanto un impulsor adicional que lleve la nave hasta esa
velocidad, a partir de la cual estaremos en disposición de encender
el motor interestelar propiamente dicho. El problema del frenado resulta
bastante más peliagudo. En efecto, otra de las características
a tener en cuenta en una estatocolectora es que su motor principal sólo
funciona en la dirección de movimiento de la nave. Es decir, son
naves que solo poseen capacidad de aceleración, no de frenado, lo
que ciertamente resulta inaceptable. La mejor solución pasa por
la utilización de motores separados para la impulsión principal,
el sistema de frenado y el sistema de guía.
El combustible básico de la estatocolectora
es el hidrógeno interestelar que la nave recoge mediante un campo
magnético. Debido a la baja densidad del medio, este campo debe
cubrir un área inmensa: del orden de decenas de miles de kilómetros,
y ser de considerable intensidad. Además, sólo una pequeña
fracción del hidrógeno presente está en forma ionizada...
la única susceptible de ser conducida por un campo magnético
hasta la boca del colector.
Para resolver este problema, se han propuesto
dos soluciones: El empleo de un láser de ionización. generando
varios conos anidados de luz coherente por delante de la nave o la utilización
de campos magnéticos pulsantes de enorme intensidad para interactuar
con la materia no ionizada a través de efectos magnetohidrodinámicos.
Un campo del orden de un millón de Gauss podría interactuar
con el momento magnético que generan los electrones al girar en
torno al núcleo, lo que a su vez permitiría la manipulación
del átomo en cuestión.
El núcleo de la estatocolectora lo constituye
su reactor de fusión autosostenida. Sin embargo, esta reacción
plantea algunos problemas interesantes con respecto al modelo clásico
al que nos hemos referido más arriba. En primer lugar, la energía
se obtiene por fusión del deuterio, un isótopo del hidrógeno
con un protón y un neutrón en el núcleo. El deuterio,
uno de los elementos primarios procedentes del Big Bang, es relativamente
escaso en la naturaleza: sólo uno de cada 6.700 átomos de
hidrógeno corresponden a esta forma isotópica. En el enrarecido
medio interestelar este problema puede incluso resultar más acuciante,
si cabe.
La ventaja de la fusión del deuterio es
que tiene lugar a unas temperaturas relativamente bajas comparadas con
las de la fusión del hidrógeno normal (protio). El inconveniente
es que como subproducto de algunas reacciones se producen neutrones, partículas
sin carga que no pueden ser manejadas mediante campos magnéticos
como sucedía con los subproductos de la fusión del deuterio
con helio 3. Es necesaria la utilización de un material de recubrimiento
del reactor que absorba esos neutrones, como por ejemplo el boro o grafito.
Estos materiales acaban "calientes" y sería necesario cambiarlos
al final del viaje. Una estrategia que permitiría eliminar parte
de este problema seria utilizar la draga para extraer combustible del medio
interestelar, pero no quemarlo en una reacción autosostenida, sino
almacenarlo y utilizarlo para generar impulso mediante una reacción
pulsante, parecida a la que describimos al hablar de las naves de fusión.
Esto permitiría a su vez solucionar el problema del frenado, porque
la nave podría invertir la dirección de sus motores principales
y utilizarlos para decelerar o para moverse en desplazamientos locales
intrasistema quemando el combustible almacenado. La Konrad Lorenz se
basa en este principio
La capacidad de una nave estatocolectora de incrementar
su rendimiento conforme aumenta su velocidad las hace partícularmente
adecuadas para el tránsito entre sistemas a velocidades relativistas.
El perfil típico de una misión de este tipo consta de las
siguientes fases.
Lanzamiento desde el planeta madre. Seria preferible
que en esta fase se dotara a la nave de una alta velocidad inicial, bien
mediante impulsores láser o mediante impulsores magnéticos
Aceleración primaria. La duración
de esta fase viene determinada por la aceleración máxima
que soporte la estructura de la nave y por la necesidad de abandonar el
área de influencia del sistema solar de origen, para minimizar la
posibilidad de colisión con cualquier tipo de escombros.
Encendido del estatocolector. A partir de este
punto, resulta más y más barato acelerar: el rendimiento
de la nave mejora hasta que se mueve relativamente cerca de la velocidad
de la luz, en cuyo caso comienza a empeorar. Este es el momento en el que
la nave pasa a propulsarse a partir del hidrógeno interestelar,
ahorrando combustible para el sistema de impulsión secundario. Durante
esta fase del viaje la tripulación se ve afectada por los efectos
relativistas de la contracción temporal, que disminuye la duración
del viaje.
Activación del sistema de frenado. A medio
camino (antes, si los motores de frenado tienen menos rendimiento que el
motor principal), debe desconectarse la propulsión principal, activándose
los motores de frenado.
Desconexión del estatocolector: activación
de la impulsión secundaria. A una determinada distancia del punto
de destino, cuando la velocidad caiga por debajo del punto crítico
de la reacción autosostenida, la propulsión principal se
desconectará automáticamente.
Frenado con el sistema secundario. Dependiendo
del tipo de perfil de misión seleccionado, frenaremos con mayor
o menor intensidad buscando un equilibrio entre las necesidades de disminuir
el tiempo de tránsito y la aceleración máxima que
puede ser soportada por la tripulación.
¿Qué características debe
poseer el sistema de soporte vital de una nave preparada para desarrollar
un viaje de estas características ?. En primer lugar, durante la
mayor parte del viaje la nave estará bajo aceleración. Si
consiguiésemos mantener un valor constante de una gravedad durante
la mayor parte del trayecto, eso haría mucho más confortable
la estancia: es la solución adoptada, por ejemplo, en el tránsito
de la III Flora en la expedición de la esfera. El problema es que
en viajes más prolongados la nave acabaría por acercarse
tanto a la velocidad de la luz que resultaría imposible mantener
constante la aceleración. La solución adoptada en la Konrad
Lorenz
fue utilizar un perfil de baja aceleración y proporcionar
gravedad por rotación. En cambio, las naves sembradoras Von Neumann,
destinadas a la terraformacion de los planetas que iban a recibir a la
humanidad, al no llevar tripulación podrían utilizar una
trayectoria más eficiente de alta aceleración continua.
Además, cualquier nave estatocolectora
debe diseñarse, en principio, como una nave generacional. La razón
es bien sencilla: los periodos de tránsito entre sistemas solares
diferentes son del orden de lustros, incluso contando con la dilatación
temporal relativista. Y eso sin tener en consideración los tiempos
de tránsito intrasistema, que pueden llegar a ser también
bastante prolongados. Por tanto es necesario disponer de algún tipo
de ecosistema cerrado autorregulado capaz de proporcionar aire, agua y
alimentos a la tripulación para un viaje de años. La Konrad
esta montada como un cilindro un cilindro de unos 20 Km de longitud
y unos dos de diámetro en cuya cara interna podían encontrarse
casas, jardines y parques. La nave esta gobernada por un tandem biológico
y cibernético: un ordenador super avanzado (Vidya) que trabaja junto
con un delfín modificado genéticamente (Oannes). En cambio
las naves sembradoras Von Neumann, son puramente funcionales: un conjunto
de grandes esferas de carga protegidas en los extremos por conos de ablación
destinados a minimizar la colisión con los escombros.
Como conclusión, la nave estatocolectora
ofrece el mejor camino posible para la exploración interestelar.
Una vez desarrollado un motor de fusión viable, una sonda basada
en esta tecnología tendría una alta capacidad de aceleración,
autonomía casi indefinida y no plantearía unos problemas
excesivos de protección.
Mas allá
de los limites del espacio: las naves colmeneras
Una de las razas mas misteriosas y mas interesantes
del universo de Akasa-Puspa son, sin duda, los colmeneros. También
conocidos como Los Eternos, los colmeneros, al igual que los Exter de Simmons
son una raza modificada genéticamente para adaptarse al medio mas
duro en el que puede medrar la vida: el vacío interplanetario. Sus
naves son fiel reflejo de dicha adaptación. El vehículo estándar
de los colmeneros es la nave asteroidal. Parten de una idea sencilla pero
poderosa: la mejor nave espacial, sin duda, es algo que ya se mueva por
el espacio y no sea necesario acarrear desde el pozo de gravedad de un
planeta. ¿Y que mejor opción que un asteroide?. El casco
de la nave lo forma el propio asteroide. Ajustando la profundidad a la
que se excavaran los habitáculos, el espesor de la piedra que quede
por encima proporcionara una excelente protección contra los escapes
atmosféricos y contra las perturbaciones procedentes del mundo exterior,
especialmente las nocivas radiaciones procedentes de un entorno tan rico
en las mismas como el del cumulo globular. Ese mismo espesor hará
a la nave inmune a la colisión con cualquier pequeño meteorito,
proporcionando un excelente blindaje y una magnifica integridad estructural.
Así mismo, dentro de los compartimentos excavados en el núcleo
se pueden instalar todo tipo de cultivos y dependencias, y mantenerlos
operativos mediante la abundante luz solar que baña el exterior.
El material extraído se puede utilizar tanto para regenerar la atmósfera
de la zona habitable (con un sistema de soporte vital semejante al que
tuvimos ocasión de comentar en el caso de los veleros de luz) como
para proporcionar masa de reacción al sistema de impulsión:
la nave asteroidal no necesita cargar combustible, simplemente lo extrae
de su interior. Toda esta estructura, unida a un reciclado estricto y a
la caza de Juggernauts (cuyas migraciones acompañaban), hacen de
la nave asteroidal un autentico prodigio de eficiencia y adaptacion a su
medio.
El sistema de propulsión estándar
es, una vez mas, el ubicuo impulsor de masas. En este caso, como comentábamos
mas arriba, doblemente justificado puesto que dicho impulsor no se encuentra
con las limitaciones que presentaba en el caso de los veleros solares:
la nave carga con todo el combustible que puede necesitar a lo largo de
su vida operativa. El precio, por supuesto, es una menor capacidad de aceleración
(dentro de la baja aceleración que tiene de por si este sistema).
Pero los Eternos pueden tomarse las cosas con tranquilidad. El impulsor
de una nave colmenera consiste en una espiga estándar de dos kilómetros
de longitud a lo largo de la cual se acelera la masa de reacción.
La razón del enorme tamaño de este carril es bien sencilla.
La eficiencia de un impulsor de masas viene determinada por la velocidad
final de la masa eyectada. Puesto que se basan en el principio de conservación
del momento cinético, cuanto mayor sea la cantidad de masa expulsada
y mayor sea la velocidad de la misma, mas impulso se transmitirá
al resto de la nave. Para esto, la solución mas eficiente consiste
en mantener a la materia ionizada el mayor tiempo posible sometida a la
influencia de un campo eléctrico acelerador. De este modo, la velocidad
final del chorro de escape será altísima y se necesitara
menos combustible para conseguir la misma aceleración que con una
espiga mas reducida.
Los sistemas de armamento colmeneros están
a la par del resto de elementos de la nave. La superficie de un asteroide
convenientemente preparado puede incluso soportar el estallido de un ingenio
nuclear. Además, el impulsor de masas puede convertirse en un arma
muy eficaz con alguna sutil modificación de su diseño básico.
En efecto, el motor ionico que hemos comentado mas arriba no es la única
alternativa a la hora de plantear un impulsor de este tipo. En lugar de
acelerar iones mediante un campo eléctrico, podemos pensar en acelerar
masas discretas, del orden de kilogramos, incluso, utilizando las fuerzas
de Lorentz y campos magnéticos. En resultado es que la nave recibe
impulso de acuerdo con el principio de la acción y la reacción...
pero la masa despedida se ha convertido en un proyectil hipercinetico que,
convenientemente apuntado, puede hacer muchísimo daño.
Sin embargo, el elemento fundamental de su sistema
de armamento se basa en el aprovechamiento inteligente de la energía
solar. En efecto, el sistema básico de defensa dentro de la Esfera
consiste en focalizar los rayos del sol central en cualquier punto determinado
del volumen interno... con unos efectos devastadores. Simplemente la cantidad
de energía que es capaz de concentrar un determinado segmento de
la esfera es tan enorme que cualquier blanco sometido a la misma simplemente
se volatiliza.
Pero las naves colmeneras no son solo interesantes
por su eficaz adaptación a la navegación estelar o por sus
impulsores de masa. Lo que las hace únicas es su capacidad hiperlumínica:
el llamado efecto túnel macroscópico. El efecto túnel
cuántico es bien conocido: a partir del principio de indeterminación,
se puede conocer la posición o la velocidad de una partícula,
pero no ambas magnitudes simultáneamente. Esto se traduce en que
muchas partículas subatomicas, en un momento dado, no ocupan una
posición definida, sino que se distribuyen en una nube de probabilidad.
Ahora bien, el expresar la posición de algo desde un punto de vista
puramente estadístico, significa que ese algo puede en realidad
ocupar cualquier posición dentro del universo conocido... incluso
en la otra punta de galaxia. No significa que este, pero puede estarlo.
Aunque la posibilidad de ese fenómeno sea astronomicamente reducida.
El logro de los Eternos en este campo es doble.
Por una parte, han conseguido aplicar este principio a todas y cada una
de las partículas que forman parte de sus naves. Por otra, han reducido
arbitrariamente la remotísima posibilidad del salto a unos valores
realistas.. El resultado es que una nave colmenera es capaz de moverse
entre dos puntos determinados del espacio en un tiempo nulo, lo que hace
de los colmeneros la única raza del cumulo globular capaz de deplazarse
a la lejana galaxia madre.
Epilogo
La ciencia ficción es un genero por el
que el tiempo pasa de modo implacable. Y esto es especialmente cierto en
el caso de la ciencia ficción hard, donde tecnologias aparentemente
punteras pueden quedar lamentablemente desfasadas en apenas unos años.
Precisamente por eso, uno de los grandes logros de la saga de Akasa-Pupsa
es lo envidiablemente bien que envejece: parece como si el tiempo hubiera
decidido dar la razón a las especulaciones de los autores, reforzando
la consistencia de la obra.
Un ejemplo de esto lo tenemos en las velas solares.
Desde que el concepto fue sugerido por Tsiolkovsky y Tasander en 1924,
la vela solar ha sido una de las grandes metas en la navegación
espacial. La posibilidad de disponer de una nave interplanetaria e incluso
interestelar que no necesitase cargar combustible ha sido una meta tentadora
en la carrera espacial. Sin embargo, los problemas eran enormes. El primero,
el bajo nivel de impulso que llevan asociado: con una luminosidad típica
de 3,9 1026 watios, el impulso que se recibe en órbita
terrestre seria del orden de 7,5 micro newtons por metro cuadrado: para
una vela de un millon de metros cuadrados, apenas tendriamos un empuje
de unos 8 newtons. Las aceleraciones que pueden conseguirse con estas micro
fuerzas son muy bajas: del orden de una centesima a una milesima de g.
Y depende fuertemente del peso de la nave, buena parte del cual viene determinado
por el propio peso de la vela. En estas condiciones no es de extrañar
que este sistema de propulsion pareciese confinado al mundo de la ciencia
ficción. Sin embargo, con el desarrollo de plasticos ultrafinos
para aplicaciones de aislamiento en semiconductores (Mylar y Kapton
por ejemplo) se puso encima de la mesa un material que permitia construir
una vela completamente operativa: recubriendo este plastico super delgado
(entre 2 y 8 micras) con una pelicula de pocos átomos de espesor
de alumio, la vela se transformaba en un material reflectante y extraordinariamente
ligero. A partir de ese momento, las expectativas para ese tipo de nave
aumentaron. En 1970 se planteo la idea del heliogiro, una vela solar formada
por palas como la de los helicopteros a las que la rotación mantenia
rigidas: el modelo en el que se inspira la Vadja. La ventaja del
heliogiro era su maniobrabilidad mientras que mantenia la ventaja de la
ausencia de una estructura rigida. En 1976 el JPL planteo la posibilidad
de una sonda basada en una vela solar del tipo heliogiro para una mision
de encuentro con el cometa Halley. En 1992 se organizo una regata de veleros
solares que al final resulto suspendida, no sin antes dar como fruto un
par de prototipos de velas y vehiculos construidos por una universidad
canadiense. En 1993, el consorcio ruso "Regata Espacial" desplego el espejo
espacial
Zanmya, de 300 metros cuadrados, que fue seguido en 1999
por el
Znamya 2, que infortunadamente se enredo durante la operación
de despliegue.
En la actualidad están abiertos varios
proyectos de estudio basados en el empleo de velas solares en combinacion
con laser impulsores (otro concepto que también aparece en la obra
que estamos comentando para la aceleración/deceleración de
cargas en el sistema cadena). El concepto fue propuesto por Robert L. Forward
en 1984 y consistia en lanzar una sonda estelar de una tonelada de peso
a Alfa Centauri. La vela, de 3,6 Km. de diámetro y construida con
un polimero recubierto de aluminio, alcanzaria nuestro vecino interestelar
en unos 40 años propulsada por un laser de 10 Gigawatios. La ventaja
del laser es su superior capacidad de aceleración y el menor tamaño
necesario para la vela: con una aceleración de 0,36 m/seg2 (varios
ordenes de magnitud superior a la de una vela solar), esta nave podría
alcanzar un décimo de la velocidad de la luz en un periodo de tiempo
de tres años. De este modo, se combinan las ventajas de alta velocidad
final con la ausencia de combustible que hacen tan atractivas este tipo
de naves. Entre los proyectos que se barajan actualmente tenemos un satelite
de vigilancia solar previsto para el 2003 y misiones a Marte, al cinturón
de Kuiper y al medio interestelar, así como algún modelo
de demostracion a lanzar en los proximos años.
Otro sistema de propulsion que funciona actualmente
es el impulsor de masas. El mas conocido de los motores de este tipo, el
ionico, fue desarrollado en los años cincuenta y utiliza campos
electricos para impulsar una masa de reacción de iones de Xenon.
Aunque es un motor de bajo nivel de impulso (unos 30 newtons) tiene la
ventaja de ser muy eficiente en su aprovechamiento del combustible, porque
la velocidad de escape de los gases es muy alta, del orden de 30 Km./seg
(comparados con los 5 Km./seg de un motor quimico). En 1998 se lanzo la
mision Deep Space 1 con la mision de llevar a cabo una cita orbital
con un cometa. Esta nave esta dotada de un sistema de propulsion ionica
alimentado por energía solar fotovoltaica muy parecido al usado
por algunas naves Angriff de la novela. También se están
estudiando otras alternativas mas eficientes que el motor ionico: los motores
de efecto Hall, basados en el empleo de campos magnéticos, y los
motores plasmadinamicos, como el impulsor inductivo pulsado o el VASIMR
También esta hoy en día en candelero
la fusion nuclear. Desde que se desarrollo la energía de fusion
con fines militares, halla por los años cincuenta, la humanidad
anda en pos de la fusion como fuente de energía limpia y capaz de
generar cantidades ingentes de energía para un planeta siempre avido
de la misma. En el campo de la propulsion, las ventajas son inmensas: un
sistema de este tipo produciria 100 billones de julios por kilogramo de
combustible, unos diez millones de veces mas energía que la liberada
por un cohete quimico convencional. Con estas cifras, en la fusion nuclear
esta sin duda el futuro de la navegación interestelar. Actualmente
se están estudiando dos sistemas básicos para generar la
fusion: el confinamiento inercial, en el que la fusion de los núcleos
ligeros tiene lugar mediante potentes rayos laser, y el confinamiento magnético
que utiliza botellas magneticas para mantener confinado el plasma en el
que tiene lugar la fusion. Ambos procedimientos utilizan toberas magneticas
para orientar las partículas cargadas producto de la reacción
y generar impulso. Esta necesidad condiciona el combustible con el que
se alimenta al reactor: el mas adecuado es una mezcla de deuterio con Helio
4, precisamente el que se propone en "Hijos de la Eternidad". Sin embargo,
es una meta que todavia no se ha conseguido, aunque cada vez nos aproximamos
mas: en 1997, en el Toro Conjunto Europeo se genero una reacción
de fusion que produjo el 65% de la energía invertida y actualmente
existen importantes programas en marcha, sustentados por copiosas subvenciones,
en el campo del confinamiento inercial y toberas magneticas.
Las ventajas del sistema cadena también
están siendo analizadas por la NASA en el marco de las expediciones
a Marte previstas para las proximas decadas. En efecto, una de las alternativas
propuestas consiste precisamente en montar una estructura de "transbordadores"
en ruta continua entre Marte y la Tierra que actuarian como un tren sobre
el que se desplazarian astronautas y pertrechos con vistas a la exploracion
del planeta rojo. Estos transportes, como los rickshaws, tampoco se detendrian,
sino que mantendrian una órbita en lazo continua entre la Tierra
y Marte. Sin dejar el tema de los rickshaws, también se esta evaluando
su sistema de propulsion basado en la interacción con los campos
magnéticos. En efecto, cuando se mueve un cable por el interior
de un campo magnético se genera una corriente en el mismo que puede
utilizarse para generar fuerzas propulsivas. Por ejemplo, si se utilizase
un hilo superconductor para formar una espira cerrada, las corrientes inducidas
mantendrian la forma de bucle y le conferirian rigidez. Manejando su orientacion,
pordria generarse un impulso direccional basado en las partículas
cargadas procedentes del viento del sol. Así mismo se esta experimentando
en cables electrodinamicos para la propulsion espacial sin combustible
incluso con aplicaciones practicas para el cambio de órbita de satelites
y envio de cargas desde la futura estación espacial internacional.
Por ultimo, existe también un gran interés
en el analisis de los cables espaciales, antecedentes directos de las babeles
de la obra. En concreto, la NASA ha llevado a cabo en el programa del transbordador
mas de 17 misiones relacionadas con cables espaciales, que van desde sistemas
de propulsion basados en la tranferencia de cantidad de movimiento al despliegue
de cables de mas de 20 Km. acoplados a una carga (como el que se llevo
a cabo en 1994 para comprobar el tiempo de vida de un cable delgado a los
impactos de micrometeoritos). También se esta investigando en el
empleo de cables espaciales formados por muchas fibras, como por ejemplo
el utilizado por la Oficina nacional de Reconocimiento estadounidense para
unir dos satelites en 1996 por un cable de 5 km, y en el empleo y la investigacion
de nuevos materiales, como fullerenos y otros compuestos de carbono, que
ofrecerian la resistencia a la traccion mas alta necesaria para el diseño
de base de una torre orbital.
Como puede comprobarse, muchos de los elementos
planteados por los autores ya son reales hoy en día o se esta investigando
muy seriamente. Un valor añadido a la impresionante coherencia y
rigor con el que esta planteado el universo en el que se desarrollan estas
obras indispensables en el panorama de la ciencia ficción española
© Cristóbal Pérez-Castejón Carpena, AEFCF
"Mundos en la Eternidad" 2000