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Superconductividad: la resistencia es inútil

Cristóbal Pérez-Castejón y David Sánchez

 
Hoy en día, la palabra "superconductividad" tiene muchos puntos en común con lo que en otros tiempos fue la búsqueda del santo grial. Por superconductividad entendemos una propiedad de determinados materiales que por debajo de una temperatura crítica no ofrecen resistencia a la corriente eléctrica. En estas condiciones son capaces de transportar la energía eléctrica sin perdidas... o generar campos magnéticos inmensos. Las ventajas de este fenómeno son evidentes: el 15% o el 20% de nuestra factura de la luz corresponde a energía disipada en los cables de distribución. Puesto que la superconductividad se descubrió a principios de siglo... ¿cómo es posible que todos nuestros cables no estén construidos mediante estos materiales? La respuesta es sencilla pero desagradable: muchas veces el fenómeno sólo aparece a temperaturas bajísimas, mas frías en ocasiones que las que podemos encontrar sobre la superficie de Plutón. Estas temperaturas sólo pueden conseguirse mediante gases raros, como el helio líquido o sistemas de refrigeración caros y complicados. La batalla en la que estamos inmersos hoy en día es precisamente el cómo subir el umbral de esa temperatura crítica hasta valores mas asequibles y solucionar de paso los otros problemas que han ido apareciendo en el largo camino que los superconductores han tenido que recorrer hasta el momento actual...

Un fenómeno del siglo XX

La superconductividad fue descubierta en 1911 por el físico holandés Heike Kamerlingh Onnes. Había estado trabajando en el comportamiento de la materia a baja temperatura (de hecho fue el primero en conseguir helio liquido), cuando observó que el mercurio transmitía la electricidad sin pérdidas por debajo de 4,2 K (-269 °C). Las malas lenguas cuentan que el hallazgo tuvo lugar cuando Onnes pidió a un alumno que midiera la resistencia eléctrica del mercurio. El alumno regresó con la noticia de que la resistencia del metal desaparecía misteriosamente cuando la temperatura de la muestra alcanzaba los 4,2 K... a lo que Onnes replicó ordenándole que volviera al laboratorio a encontrar el "error" que había cometido. Tras repetir varias veces la experiencia llegaron a la conclusión de que habían realizado un descubrimiento histórico: Onnes recibió el Nobel de física en 1913. En años posteriores se encontraron muchos más materiales que poseían esta propiedad cuando se les enfriaba por debajo de un cierto punto crítico, la llamada temperatura de transición.

La desaparición de la resistencia eléctrica no es la única propiedad asombrosa de los superconductores: su comportamiento frente a los campos magnéticos también resulta fascinante. En 1933 Walther Meissner y R. Ochsenfeld descubrieron que un campo magnético aplicado a un superconductor es expulsado completamente del interior de este por debajo de su temperatura de transición superconductora. En su honor este efecto se conoce hoy en día como efecto Meissner y es el responsable de la fotografía típica que todos asociamos con superconductividad: la de un pequeño disco de material flotando libremente en el aire por encima de un imán.

La explicación del fenómeno demostró pronto ser extraordinariamente escurridiza. En un principio se pensó que puesto que la resistencia eléctrica desaparecía, el material se comportaría como un conductor perfecto. Pero el experimento de Meissner echó abajo esa hipótesis: el superconductor no cumplía lo que predecía la teoría clásica de los fenómenos eléctricos y magnéticos (las ecuaciones del físico escocés James C. Maxwell) para un material de estas características. En 1935 F. y H. London desarrollaron una teoría fenomenología de la superconductividad, es decir, estudiaron cómo ocurren las cosas en un superconductor, pero no el porqué. El primer intento serio de dar una explicación de lo que ocurría en las entrañas de un superconductor se debe a Frölich en 1950, el cual se basó en unos experimentos de la época que pusieron de manifiesto que la temperatura de transición tenia mucho que ver con la masa de los iones del material. Gracias a estos trabajos, fue abriéndose paso la idea de que la superconductividad era una fase distinta de la materia, una manifestación a escala microscópica de la extraña teoría cuántica. Pero hubo que esperar hasta 1957, cuando Bardeen, Cooper y Schrieffer desarrollaron la teoría que mejor explica la superconductividad, conocida en su honor como teoría BCS (por la que recibieron el Nobel en 1972).

Se seguía buscando como subir más y más la temperatura de transición, utilizando principalmente aleaciones de metales más o menos exóticos. En la década de los 60 se experimentaron con mezclas de niobio/estaño y niobio/titanio que permitieron llevar a cabo las primeras aplicaciones comerciales de la superconductividad. En 1962, Josephson, predijo la unión que lleva su nombre (y que posteriormente fue confirmada experimentalmente), un dispositivo que permite la medida extremadamente precisa de campos magnéticos. También tuvieron que pasar 11 años antes de que Josephson recibiera el Nobel por sus trabajos.

Y así estaban las cosas (aplicaciones escasas y muy especializadas) hasta 1985. En diciembre de ese año, Muller y Bednorz (ganadores del Nobel de Física en 1987) describieron una nueva cerámica, un oxido de bario/lantano/cobre en la que la superconductividad aparecía a la asombrosa temperatura (para la época) de 35 K : casi el doble de lo que se había conseguido hasta entonces. Y en 1987 el gran bombazo: Maw-Kuen Wu y Paul C. W. Chu descubrieron una cerámica de oxido de itrio, bario y cobre (YBCO) que era superconductora a 93 grados Kelvin. Esto significaba que estos materiales podían refrigerarse con nitrógeno liquido, que tiene un precio sensiblemente inferior al de la cerveza: hasta los refrigeradores de laboratorio mas pequeños podían enfriarlos por debajo de la temperatura de transición. Por todo el mundo, los científicos se convirtieron en alfareros: ya se han descubierto centenares de cerámicas con temperaturas de transición cada vez más y más altas. Hoy en día disponemos de superconductores con una temperatura crítica de -109º centígrados, que puede conseguirse con refrigeradores de aire industriales y hay experimentos que han encontrado efectos superconductores a  -23º centígrados: una temperatura normal en muchos puntos de la superficie de nuestro planeta.

 
¡Los electrones se atraen!

Hay un viejo chiste entre los físicos teóricos que resume su modo de trabajar. Pregunta: ¿Cómo explicaría un físico teórico el movimiento de una vaca?". Repuesta: "Consideraría primero que es esférica y de masa despreciable". De igual modo, para estudiar un metal, suponen que es infinito, que los átomos que se disponen de forma perfectamente periódica formando una red cristalina y que los electrones se mueven a sus anchas por todo el sistema. Este modelo simple e irreal, que recibe el nombre de gas de Fermi (por el físico italiano Enrico Fermi, que concibió una imagen similar de los núcleos atómicos), paradójicamente da unos resultados excelentes a la hora de describir las propiedades básicas de cualquier metal. Sin embargo, desprecia, entre otras muchas cosas, la interacción que hay entre el gas de electrones y los iones de la red.

Los iones no están fijos en sus posiciones, sino que vibran alrededor de ellas. Es válido visualizarlos como pequeñas bolitas enganchadas a sus vecinas mas próximas mediante muelles. Las fuerzas restauradoras que crean los muelles sobre un ion cuando este se mueve un poco de su posición hacen que vibre y que esta vibración se propague por todo el cristal. Ahora bien, como estamos en una escala microscópica (de menos de una millonésima de un milímetro), debemos estudiar el problema desde el punto de vista cuántico. La teoría cuántica afirma que estas ondas no pueden tener una energía cualquiera. La energía esta cuantizada en paquetes llamados fonones. Frölich estudió que pasaba cuando un electrón libre de un metal interaccionaba con un fonón. Llego a la conclusión de que la superconductividad tenía mucho que ver con dicha interacción, ya que la temperatura de transición estaba ligada con la masa de los iones de la red.

Apoyándose en el trabajo de Frölich, los físicos Bardeen, Cooper y Schrieffer, trabajaron en una teoría completa de la superconductividad, descubriendo el mecanismo microscópico que daba lugar a que un metal se volviera superconductor: un electrón interactúa con un fonón, deformando la zona de la red cercana; un segundo electrón ve entonces que la red esta deformada y se ajusta para que su energía siga siendo mínima. Esta interacción indirecta entre los dos electrones mediada por los fonones provoca, en determinadas circunstancias, que los dos electrones se atraigan entre si, superando la natural repulsión que sufren y formando un par ligado. Por encima de la temperatura de transición, hay poquísimos pares de electrones que están ligados. Pero, por debajo, hay una transformación entera del sistema que genera muchos pares de estos, es decir, el metal sufre una transformación de fase.

Los experimentos sugieren que los superconductores clásicos tienen una zona de energías electrónicas prohibidas, denominada gap. En los metales ordinarios, las cargas pueden moverse libremente y se aceleran en presencia de un campo eléctrico. Por debajo de la temperatura crítica, a los pares de electrones de un superconductor les esta prohibido por las leyes de la mecánica cuántica desplazarse por encima de un cierto valor de la velocidad. El gran triunfo de la teoría BCS fue probar que ese gap era una consecuencia directa de la formación de los pares de electrones. Es más, fue posible demostrar que todas las propiedades físicas de un superconductor se podían escribir en función del tamaño del gap. Este hecho prueba el porqué un superconductor es un estado tan estable. Efectivamente, si aplicáis un campo magnético a un superconductor, necesitareís que aquel sea bastante grande para que los electrones ganen mucha energía y puedan saltar la zona prohibida. De esta manera, los pares se rompen y desaparece la superconductividad.

 
Subiendo la temperatura: las cerámicas superconductoras
 

Aunque hoy en día no se conoce con certeza el mecanismo que produce la superconductividad en las cerámicas superconductoras, parece ser que, a diferencia de los superconductores clásicos, la forma concreta en que se disponen los átomos del cristal representa un papel muy importante en la aparición del fenómeno. La mayoría de estas cerámicas son conductoras por encima de su punto de transición, debido a las peculiaridades del enlace entre los átomos de cobre y oxigeno que forman el núcleo (cuprato) de su composición. Estos átomos se disponen en forma de capas alternas dentro del material, permitiendo que un cierto número de electrones puedan desplazarse entre los mismos sin resistencia alguna. Todavía no esta muy claro el porqué son superconductores estos materiales aunque la opinión más generalizada es que este fenómeno está muy relacionado con el magnetismo. En la cerámica descubierta por Bednorz y Muller se ha observado que, por encima de la temperatura crítica, exhibe un forma particular de magnetismo. Pero, por debajo de la temperatura de transición, se modifica la estructura cristalina (u ordenamiento de los átomos), destruyendo el magnetismo y el material se vuelve superconductor

Los descubrimientos asociados a estos materiales han desbocado la carrera por la alta temperatura: el brillo del grial, el superconductor de temperatura ambiente, deslumbra los ojos de muchos. Pero los obstáculos son todavía enormes. Uno de los mas importantes apareció apenas se empezaron a estudiar las propiedades de estos materiales dentro de un campo magnético. La teoría básica del comportamiento de un superconductor respecto a un campo magnético externo fue descrita por el físico ruso Alexei A. Abrikosov en los años cincuenta. De acuerdo con esta teoría, basada en los trabajos de Ginzburg y Landau, un superconductor convencional presenta tres estados magnéticos diferentes. En el primero, llamado estado Meissner, el campo magnético es expulsado casi completamente del interior de material. Apenas penetran en el superconductor las líneas de campo del imán aparecen unas corrientes superficiales que generan un campo magnético propio que las repelen. Si continuamos aumentando la intensidad del campo magnético aplicado, el mismo consigue por fin abrirse paso a través del superconductor. Pero en una primera fase lo hace en forma de líneas de campo discretas, pequeños "agujeros" formados por material normal en medio del material superconductor. Las corrientes superficiales del estado anterior circulan alrededor de estas agujeros por los que pasan la líneas de fuerza del imán: de aquí les viene el nombre de vórtices por el que se les conoce. En un superconductor clásico los vórtices están organizados siguiendo una red triangular regular. En el tercer estado, si el campo aumenta por encima de un valor critico los núcleos de vórtices se amontonan hasta que todo el material se comporta como un metal normal y desaparece el efecto superconductor. Los problemas aparecieron cuando se descubrió que los maravillosos superconductores de alta temperatura no seguían este modelo: al aplicarles un campo de unas diez teslas (20000 veces la intensidad del campo magnético terrestre) la resistencia del material no solo no disminuía... ¡sino que en ocasiones se hacia cien veces superior a la del cobre! La razón se descubrió pronto: los vórtices en las cerámicas superconductoras no permanecen fijos en una estructura triangular rígida, sino que se funden en un estado parecido al líquido, en el que los vórtices se van desplazando caóticamente. Puesto que cada vórtice esta constituido por una corriente eléctrica que circula alrededor de un núcleo de materia normal no superconductora, al aplicar una corriente eléctrica adicional a la muestra esta se suma a la corriente que circula a un lado del vórtice y se resta a la del otro. Como resultado se produce una fuerza que actual sobre la línea de vórtice semejante a la que aparece en el ala de un avión y que se conoce como fuerza de Magnus. Si las líneas de vórtices se mueven debido a esta fuerza gastaran energía de la corriente y aparecerá una resistencia eléctrica, que es precisamente lo que intentábamos evitar. Hoy en día se trabaja intensamente para solucionar este problema. Una de las estrategias que mas éxito ha tenido ha sido la de fijar los vórtices mediante impurezas astutamente colocadas (dopaje): de esta forma consigue equipararse su comportamiento al de un superconductor clásico, al impedir el desplazamiento de los vórtices y el que este movimiento extraiga energía de la corriente suministrada.

El segundo gran obstáculo que apareció es que las cerámicas superconductoras sólo conseguían transmitir una cantidad limitada de electricidad sin ofrecer resistencia, debido a la estructura en capas del material: si las capas no se alinean perfectamente los electrones chocan contra la frontera de la región desalineada y se frenan. Este problema se ve empeorado en presencia de un campo magnético. Una estrategia exitosa en este campo ha consistido en alinear las capas de cuprato cuidadosamente, a fin de reducir al mínimo las discontinuidades. Para ello se depositan capas micrométricas de material sobre substratos bien alineados, utilizando las mismas técnicas que se emplean para la fabricación de circuitos integrados. La combinación de estas dos tecnologías ha conseguido resultados espectaculares: actualmente se manejan densidades de corriente sobre un YCBO del orden de un millón de amperios por centímetro cuadrado, que descienden a 400.000 en un campo de 9 teslas... mientras que al principio el YCBO solo permitía el paso de 10 amperios por centímetro cuadrado y perdía toda conductividad en un campo de 0,01 tesla. Estos valores de conductividad ya son comparables a los de los superconductores tradicionales.

El ultimo gran inconveniente que presentan las cerámicas superconductoras es precisamente ese: que son cerámicas. ¿Os imagináis intentando enrollar un plato hasta formar un canuto, o estirándolo en un hilo de 1 kilometro de longitud?. El YCBO y sus parientes son cerámicas, frágiles y difíciles de manufacturar en forma de cable. También se ha propuesto varias soluciones a este problema. En una de ellas, se introduce el polvo a partir del que se obtiene la cerámica en el interior de un tubo de plata, que se enrolla y prensa en cables. Después simplemente se cuece este material en una atmósfera de oxigeno para conseguir el superconductor: el resultado puede vérselas con corrientes del orden de 35000 amperios por centímetro cuadrado a la temperatura del nitrógeno liquido. La otra solución ya la hemos comentado más arriba: crear una capa de cerámica sobre un soporte flexible lo bastante gruesa como para conducir una gran cantidad de corriente y lo bastante fina como para ser doblada sin problemas. Después de todo, la resistencia aparece cuando al doblarse se producen desalineamientos en las hileras de granos superconductores: al utilizar un soporte cristalino, los granos del superconductor se orientan perfectamente en la dirección de los cristales... al tiempo que son capaces de flexionarse junto con la base sobre la que se encuentran. Gracias a esta técnica se han producido muestras de YCBO sobre circonio estabilizado capaces de transportar corrientes como las que comentábamos en el párrafo anterior.

Y los superconductores: ¿para que sirven?

Si algún día los superconductores de temperatura ambiente llaman a nuestra puerta nos veremos inmersos en una revolución tecnología sin precedentes. Pero aunque no lo hagan, ya existen muchos equipos que utilizan la superconductividad en su funcionamiento. A continuación daremos un repaso a las aplicaciones mas espectaculares de este fenómeno.

  • El SQUID o dispositivo superconductor de interferencia cuántica, fue una de las primeras aplicaciones comerciales de la superconductividad. Basado en las uniones Josephson, son captadores magnéticos extraordinariamente sensibles que permiten medir campos magnéticos y tensiones eléctricas increíblemente débiles, con una resolución del orden del picovoltio, una billonésima de voltio. Los SQUID llevan utilizándose ininterrumpidamente desde los años 60 en multitud de aplicaciones: detección súper precisa de las señales eléctricas del cerebro y el corazón, comprobación no destructiva de tuberías y puentes (la fatiga del metal produce una firma magnética peculiar), paleomagnetismo, sensores geológicos para prospecciones petrolíferas, equipos militares de detección de sumergibles y un largo etcétera.
  • Aparatos de formación de imágenes por resonancia magnética, más conocidos como RMN. Con esta técnica se coloca una sustancia en un campo magnético intenso que modifica el spin de los núcleos de determinados iones. Después, se somete a la muestra a una onda de radio que reorienta los núcleos. Al desaparecer la excitación se libera un pulso de energía que proporciona información sobre la estructura molecular de la sustancia... y que puede transformarse en una imagen mediante técnicas informáticas. El RMN es una herramienta casi indispensable para la formación de imágenes del cerebro, y con el advenimiento de los superconductores de alta temperatura podrá convertirse en una maquina mucho mas pequeña y barata: los superconductores clásicos enfriados  por helio requieren voluminosos y delicados equipos de refrigeración. En cambio, el nitrógeno liquido es sencillísimo de producir y utilizar.
  • Ordenadores mas rápidos. Otra aplicación de las uniones Josephson es la posibilidad de fabricar transistores basados en ellas. Estos circuitos podrían activarse y desactivarse muy rápidamente con un consumo de potencia mínimo. En teoría, un ordenador basado en el efecto Josephson sería 50 veces más rápido que uno convencional, aunque hasta hoy no ha sido construido debido a problemas de fiabilidad, de interfaces y a la dificultad de competir con un adversario tan poderoso como los circuitos de silicio (muchísimo mas económicos y sencillos de utilizar).
  • ¿Necesita usted un campo magnético inmenso?: no lo dude, ponga un superconductor en su vida. En todas aquellas aplicaciones en que sean necesarios campos de una intensidad enorme, los superconductores clásicos no tienen rival. La forma mas evidente de crear un campo magnético es mediante una bobina de cable enrollado, que al ser atravesada por una corriente eléctrica crea un campo directamente proporcional a la intensidad de la misma. Pero el campo máximo que podemos generar no es muy grande, ya que al incrementar la corriente los cables comienzan a calentarse peligrosamente debido a la resistencia eléctrica. Con los superconductores no pasa esto: su resistencia es cero y pueden producir campos magnéticos altísimos. La aplicación típica en este caso son los aceleradores de partículas como el Tevatron del Fermilab en EE.UU. con una capacidad de un teraelectrón voltio (TeV), equivalente a un billón de voltios.
  • Los imanes basados en superconductores de alta temperatura todavía están lejos de estos márgenes... aunque ya se pueden conseguir imanes de cerámicas superconductoras que pueden generar un campo de dos teslas, cinco veces mayor que el que se puede conseguir con un imán permanente. Estos imanes se utilizan por ejemplo en los trenes de alta velocidad sobre cojín magnético (MAGLEV). Los trenes tipo SED (suspensión electrodinámica) japoneses pueden desplazarse de 320 a 500 Km/h mediante imanes superconductores que inducen corrientes en las bobinas conductoras de las guías. Esta interacción eleva al vehículo unos 15 cm del suelo, como si fuera un avión en vuelo rasante. A menos de 100 Km/h, este vehículo circula sobre ruedas como un tren convencional.
  • Transporte de energía mediante cables eléctricos, transformadores de corriente y conmutadores de potencia. De este modo se podría reducir el recibo de la luz al compensarse el importante porcentaje de energía eléctrica que se disipa en forma de calor debido a la resistencia eléctrica. También podrían utilizarse como limitadores de corriente, proporcionándonos un voltaje mas estable. Hace poco, el Departamento de Energía de Estados Unidos ha anunciado el primer proyecto de uso comercial a gran escala de los superconductores de alta temperatura. Se pretenden instalar cables superconductores de unos 130 metros en una subestación eléctrica de Detroit. Se sustituirán los cables de cobre de tal manera que la nueva instalación albergara una capacidad tres veces mayor (24000 voltios). Sin embargo, el principal inconveniente para que esta prueba se generalice es el alto coste, ya que se han presupuestado unos 5,5 millones de dólares.
  • Almacenamiento de energía mediante superconductores magnéticos de almacenamiento de energía (SMES). Este sistema consiste en "cargar" una bobina superconductora de electricidad y luego cerrarla formando un anillo. La corriente teóricamente circularía sin perdidas, y cuando hubiera que utilizarla bastaría con abrirla y extraer la cantidad necesaria. Este sistema se ha propuesto, por ejemplo, para el almacenamiento de energía en vehículos eléctricos.
  • Combinación de corrientes y magnetismo para la generación de potencia y trabajo, como motores y generadores eléctricos muchísimo mas eficientes.
  • Investigación espacial. En el espacio, protegidos de la luz solar, es fácil conseguir temperaturas dentro del rango funcional de los superconductores de alta temperatura. En este aspecto la NASA ha financiado diferentes estudios sobre sensores y elementos de actuación electromecánicos con vistas a su utilización en naves espaciales...

 

Los superconductores en la ciencia ficción

 
Podría pensarse que una tecnología tan absolutamente innovadora como la superconductividad habría sido ampliamente utilizada en la ciencia ficción... pero en la práctica no es así. Por supuesto, obras en las que se comenta que tal o cual cachivache utilizan dispositivos superconductores no son raras. Pero si lo que se pide es que la superconductividad sea un elemento decisivo de la trama prácticamente pueden contarse con los dedos de una mano... y sobran dedos. Debido a esto se aprecian mejor obras como el relato "Cruzada", de Arthur C. Clarke. En un mundo situado entre dos galaxias, a una temperatura por debajo del punto de licuefacción del helio, aparece una inteligencia basada en la superconductividad. Una inteligencia que no ve con buenos ojos a las inteligencias orgánicas, moviéndose en ambientes de alta temperatura y que mantienen esclavizadas a las pobres computadoras y decide iniciar su propia cruzada liberadora...

Otro libro emblemático en el que la superconductividad juega un papel importante es "Mundo Anillo" y especialmente su continuación "Los Ingenieros de Mundo Anillo", de Larry Niven. El colapso de la sociedad del fabuloso Mundo Anillo vino propiciado por una degeneración de los sistemas electrónicos y de generación de energía... debido a la contaminación por un hongo de los superconductores que utilizaban. Teniendo en cuenta que la novela fue escrita en 1970, demuestra una notable capacidad de anticipación en la utilización de superconductores de temperatura ambiente.

En la misma linea, la civilización alienígena de "La paja en el ojo de Dios", de Niven y Pournelle tiene uno de sus pilares en la existencia de superconductores que funcionan a temperaturas biológicas... e incluso pueden ser utilizados como pintura. Aparecen también algún que otro tipo de material exóticos, como por ejemplo superconductores de calor o superfricción.

La superconductividad en cuanto a mecanismo para la generación de enormes campos electromagnéticos es utilizada por Gregory Benford en su relato "Efectos Relativistas", en el que se describe con todo lujo de detalles la estructura y el funcionamiento de una nave estatocolectora... que utiliza superconductores de alta temperatura para la generación de las fuerzas hidrodinámicas que actúan como colector de materia para el motor de la nave. Esta misma tecnología se utiliza también en "Tau Cero", de Poul Anderson, aunque aquí empleando superconductores clásicos refrigerados por helio.

Otro elementos de la ciencia ficción en los que la superconductividad no es un lujo son los ascensores espaciales. En efecto, en un ascensor son necesarios superconductores para el transporte de energía (las perdidas en un cable de 36.000 Km podrían resultar impresionantes), para mover los vagones del sistema de transporte (por medio de un acelerador lineal, semejante a los trenes MAGLEV a los que hicimos referencia mas arriba) o incluso para el acoplamiento del cable: en "Marte Rojo", de Kim Stanley Robinson se utiliza un enlace dinámico de tipo electromagnético en el que los campos implicados requieren sin duda alguna el uso de superconductores...

Los dispositivos de interferencia cuántica o SQUID son descritos magistralmente por William Gibson en su clásico relato "Johnny Mnemónico" (del que partió la película del mismo nombre). En este cuento aparece un delfín, veterano de guerra, dotado de un dispositivo SQUID (en la nefasta traducción del cuento "calamar") para la detección de minas y submarinos enemigos... que también puede ser utilizado para leer la clave implantada en el cerebro de un correo cargado con información altamente reservada y peligrosa. Estos dispositivos también aparecen en la película "Días Extraños", donde un dispositivo SQUID con superconductores de temperatura ambiente se utiliza para grabar y reproducir digitalmente experiencias personales directamente desde el cerebro humano... dando lugar a un productivo mercado negro de sexo, sensaciones  y emociones.

Por ultimo, en el relato "Armaja Das" de Joe Haldeman aparecen ordenadores superavanzados que utilizan superconductores clásicos (mercurio refrigerado por helio) en su CPU: al final resultan ser tan sumamente avanzados que son sensibles a las maldiciones y el mundo acaba por destruirse por su culpa.

Pobre bagaje de relatos para una tecnología tan sumamente interesante dentro del género...

Conclusión

El fenómeno de la superconductividad ya forma parte integrante de nuestras vidas. La resonancia magnética nuclear no habría podido desarrollarse sin su ayuda y constituye un auxiliar indispensable en la investigación científica y tecnológica. El que consiga o no convertirse en un producto de gran consumo depende exclusivamente de los resultados de la investigación sobre superconductores a temperatura ambiente. En cualquier caso, es evidente que estos materiales supondrán en un futuro inmediato un elemento sumamente importante en nuestra civilización: la era de las tecnologías mas allá de la resistencia eléctrica parece encontrarse, en estos momentos, a la vuelta de la esquina.

 

© Cristóbal Pérez-Castejón Carpena  2003-2004 Ultima actualización 14-11-2004