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VIDA INORGÁNICA

Por Igor Cantero Uribe-Etxeberria y
Cristóbal Pérez-Castejón Carpena

 

Vida. (Del lat. vita.) Estado de actividad de los seres orgánicos

Orgánico, ca. (Del lat. organicus.) Quím. Dícese de la sustancia cuyo componente constante es el carbono, en combinación con el hidrógeno o con el nitrógeno, ya separados o juntos, y también con otros elementos.
 
 

La definición que nos da el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no deja lugar a dudas; el carbono es el elemento fundamental para la existencia de la vida. Sin embargo, lanzar una hipótesis con una única confirmación experimental es muy arriesgado, al menos desde el punto de vista científico. La existencia de otras formas de vida, fuera de nuestro planeta, podría obligarnos a cambiar la definición de la misma. La ciencia ficción, en su deseo de ir un poco más allá, ya nos ha proporcionado diferentes especies alienígenas cuya química no se basa en el carbono. En este artículo vamos a repasar las más interesantes y sus posibilidades reales.
 

Silicio

Las propiedades de un elemento químico están determinadas por la distribución de los electrones en su capa mas externa. Ello significa que todos los elementos situados en la misma columna de la tabla periódica tienen propiedades semejantes, puesto que comparten la misma distribución electrónica en esa ultima capa. Por lo tanto, el silicio, situado justo debajo del carbono, es el elemento que más similitudes presenta con él. Este fue, probablemente, el pensamiento del guionista de la serie Star Trek cuando la tripulación del U.S.S. Enterprise acudió al planeta Janus IV para ayudar a los mineros amenazados por "el Horta", una extraña forma de vida basada en el silicio.

Lamentablemente, la sustitución de un elemento por otro no es tan sencilla. La química del silicio está dominada por el enlace Si-O (los silicatos son los óxidos más abundantes en la corteza terrestre) frente a la estabilidad del enlace C-C que permite la formación de largas y complejas cadenas. Sin embargo, las últimas investigaciones en este campo proponen una solución ingeniosa. En lugar de quedarnos bloqueados ante una pregunta sin respuesta debemos enfocar el problema desde otro punto de vista ¿Para qué basarse en la bioquímica tradicional?. ¿Por qué no utilizar las bondades del enlace de Si-O en lugar de lamentar su existencia?

La tareas básicas de la vida son posibles gracias a los enzimas, que no son sino una serie de catalizadores (moléculas formadas por una unión entre un ion y un metal) con sus correspondientes soportes (las proteínas). La naturaleza ha desarrollado toda una colección de ellos, cada uno especializado en una función, como por ejemplo la hemoglobina, encargada del intercambio del oxígeno o las ferridoxinas cuya misión es la transferencia electrónica. La idea original consiste en sustituir estos enzimas por moléculas basadas en el silicio.

En muchas ocasiones, para lograr una reacción específica necesitamos crear un sitio con el tamaño adecuado para contener las moléculas que queremos que interaccionen, es decir, necesitamos unos vasos de reacción de tamaño molecular. De esta forma evitaremos que otras moléculas interfieran impidiendo obtener el producto deseado. La solución viene de la mano de las zeolitas. Estos materiales son una especie de arcillas que tienen una estructura molecular en forma de red en tres dimensiones, formada por tetraedros de SiO4 y AlO4 unidos entre sí. Este entramado tiene poros y cavidades de tamaño molecular por lo que solo pueden ser atravesado por aquellas moléculas con el tamaño lo suficientemente pequeño. Por eso también se les llama tamizadores moleculares. Las zeolitas tienen un gran número de similitudes estructurales con las proteínas naturales. Utilizando estas similitudes podemos desarrollar nuevos catalizadores que combinen las características de robustez y estabilidad química de las zeolitas con la gran selectividad y actividad molecular de los enzimas. En el Departamento Central de Investigación y Desarrollo de la empresa Du Pont, se han conseguido zeolitas capaces de simular el comportamiento de la hemoglobina, el citocromo P450 y la proteína hierro-azufre.

La ciencia ficción ya había sido pionera en la utilización parcial de compuestos de silicio en un ser vivo. Como se describe en la autopsia del primer vector del monstruo en Alien: el 8º pasajero de Ridley Scott, su sangre, formada por "ácido molecular", podía circular por el interior de su cuerpo sin destruir los tejidos gracias a las estructuras polisiliconadas de sus conducciones. También el empleo de estas siliconas en el recubrimiento externo le permitía sobrevivir en una amplia variedad de ambientes... incluyendo el vacío espacial.
 

Nubes animadas

Según Fred Hoyle, reconocido astrónomo y autor de ciencia ficción, la diferencia entre materia animada e inanimada, o lo que es lo mismo, si algo está vivo o no, es más un asunto de conveniencia verbal que otra cosa. A pesar de todo, podemos afirmar que, en general, la materia inanimada presenta una estructura y propiedades más simples. Para la formación de agrupaciones más complejas es necesaria la existencia de un entorno con una temperatura favorable. Además, las moléculas que forman la materia viva tienen grandes necesidades energéticas que deben ser suministradas por una fuente externa para su formación. Curiosamente, estas condiciones se encuentran más fácilmente en las nubes de materia interestelar que sobre la superficie de un planeta. La temperatura es más adecuada y la presencia de una estrella cercana permitiría acceder a la energía solar de forma más eficiente.

Este es el caso de La nube negra, protagonista de la novela del mismo título de Fred Hoyle. Este ser, no solo está vivo sino que además es inteligente y llega a comunicarse con los humanos. Su enorme cuerpo gaseoso, capaz de cubrir la Tierra, ocultándola del Sol, presenta similitudes con la fisiología humana en su funcionamiento, pero no en cuanto a su composición. Sus corrientes sanguíneas están formadas por flujos de gas, movidos por una bomba electromagnética que haría las veces de corazón, y son purificados por los filtros adecuados que actúan a modo de riñones. Todos estos "órganos" presentan una composición inorgánica.

También son inteligentes los "Senexi", protagonistas del relato Luchacruenta de Greg Bear. Estos seres gaseosos, formados en una época del universo en la que los elementos pesados escaseaban, tienen una apariencia globular de enormes proporciones, con un sistema nervioso central y una serie de componente semi-independiente y semi-inteligentes. Sus órganos más complejos, como los ojos, están formados por estructuras inorgánicas de tipo silicato.

Este tipo de seres, además de un gran tamaño presentan una gran longevidad, hasta el punto de ser inmortales salvo que ocurra un accidente. Son pausados, serenos, con muchísima experiencia y poca iniciativa.
 
 

Pesos pesados

En el extremo opuesto a las difusas nebulosas estelares se encuentran las estrellas de neutrones. En este tipo de estrellas, residuos de soles muertos, la materia se encuentra colapsada debido a su enorme gravedad (varios miles de millones de g) y a los intensos campos magnéticos presentes (1 billón de gauss). En sus átomos, las nubes electrónicas han desaparecido y los núcleos se encuentran a distancias muy cercanas, hasta el punto de que los intercambios de electrones se han sustituido por intercambio de neutrones.

A pesar de estas drásticas condiciones, se ha propuesto la de existencia de vida en estos mundos. Robert L. Forward, en Huevo del Dragón y su secuela, imaginaba una civilización de seres neutrónicos, los "cheelas", que al estar basados en enlaces nucleares (en lugar de los moleculares como es nuestro caso), viven a una velocidad un millón de veces superior a la de los humanos. Su forma es ameboide, y aplastada siendo su tamaño muy reducido. A pesar de tener un peso similar (unos 70 kg), solo miden 5 milímetros de diámetro y medio de alto. En este interesante relato se tienen en cuenta todas las características de una forma de vida adaptada a este entorno, desde la visión en una diferente longitud de onda hasta la psicología bidimensional de las criaturas. Tal vez el único defecto achacable a la sociedad ideada por Forward es que sea excesivamente antropomórfica, con demasiados paralelismos con nuestra sociedad y nuestras formas de pensamiento.

Otros seres basados en reacciones nucleares serían los que aparecen descritos en El mundo al final del tiempo de Frederik Pohl. Uno de los protagonistas de esta historia es Wan-To. Wan-To pertenece a una raza de seres constituidos por plasma que han evolucionado en el interior de las estrellas. Su consciencia reside en la estructura de los flujos de neutrinos que tienen lugar en el interior del sol. En cuanto a sus órganos sensoriales, son de lo mas variado, incluyendo mecanismos para la comunicación a distancias interestelares mediante la utilización de pares Einstein-Rosen-Podolsky (ERP para abreviar). El problema del transporte se soluciona mediante la utilización de taquiones, cuyas propiedades también están excelentemente descritas en la obra, un autentico prodigio de imaginación y de precisión.

También podrían incluirse en esta categoría los simbiontes que aparecen en El especialista. En este relato, aparece una nave espacial formada por un conjunto de seres vivos con especiales habilidades. De este modo, unos actúan como las losetas que constituyen el casco de la nave, mientras otros forman parte del motor atómico para la misma. Un tercer grupo actúa generando el sistema de soporte vital para el resto. Los problemas aparecen cuando el encargado de la propulsión hiperespacial, el pujante, fallece dejándolos varados en medio del espacio. Sin embargo, por un golpe de suerte descubren un planeta lleno de pujantes... que sin embargo no son conscientes de su muy especial habilidad...
 
 

Máquinas vivas

¿Puede una máquina considerarse un ser vivo? A pesar de su composición inorgánica, son construidas (nacen), se programan (aprenden), tienen problemas de funcionamiento (enferman), construyen otras máquinas (se reproducen), se deterioran (envejecen) y dejan de funcionar (mueren). Con la programación adecuada podríamos tener máquinas capaces de hacer todas estas cosas por si mismas. ¿Estarían entonces vivas? La respuesta a esta pregunta abandona la ciencia para entrar en la filosofía.

La ciencia ficción ha abordado el problema de la maquina viva desde múltiples puntos de vista. Una primera aproximación es la del ordenador sentiente. La potencia de calculo exponencialmente creciente de nuestras maquinas hacen prever que en muy pocos años dispondremos de una inteligencia artificial (IA) capaz de superar el test de Turing: seremos incapaces de diferenciar si estamos hablando con una maquina o con un ser humano. En estas condiciones, la aparición de una forma de vida electrónica no resulta descabellada. Por ejemplo, en Marque F de Frankestein la red de comunicaciones global alcanza una masa critica y despierta a la autoconsciencia, con un cerebro en el que la función de las neuronas es desempeñada por los elementos de la red de conmutación, su cuerpo son las centrales pertenecientes a dicha red, sus sentidos los múltiples aparatos electrónicos conectados a la misma y sus órganos de control toda la paleta de maquinas controladas electrónicamente del planeta. Algo similar, aunque a escala galáctica ocurre con "Jane", la conciencia que surge en la red del ansible en La voz de los Muertos de la saga de Ender.

Internet y en general cualqier red de ordenadores interconectados a nivel planetario ofrecen también un punto de partida destacado para la aparición de una nueva forma de vida electrónica. Desde los clásicos del "ciberpunk", como Neuromante o Quemando Cromo en los que descubrimos la existencia de inteligencias artificiales residentes en Internet que se mueven con sus propios intereses (y tienen sus propias y siniestras maneras de interactuar con el mundo) a la reciente Matrix, en la que la humanidad ha sido relegada al papel de generadores de electricidad para una inteligencia artificial que les mantiene cautivos dentro de un paraíso electrónico, el papel de estas formas de vida se multiplica en el genero. Pero sin duda, la obra en la que este esquema alcanza su máximo esplendor es la saga de Hyperion, de Dan Simmons, en la que aparece el "Tecnonúcleo", un conjunto de IA’s aparecidas por evolución que han trascendido de sus creadores… y han pasado a utilizarlos como computadoras biológicas para sus propios intereses.

Otra gran rama de dentro las formas de vida mecánicas son los robots. Dotados de un cuerpo físico y de una mente electrónica, los robots están mas próximos al concepto de "vida" de la gente de la calle que la incorpórea indefinicion de una IA. Los ejemplos de robots mas o menos creíbles son incontables: desde las maquinas de Asimov, encadenadas a una eterna esclavitud al hombre por el inflexible cumplimiento de las tres leyes de la robótica (no permitirás que el hombre sufra daños, obedecerás al hombre y cuidaras de ti mismo) a las hordas de robots asesinos de Saberhagen (en su saga de los "Berserek", a la que pertenecen los excelentes relatos Lugar de Piedra o Alas en la oscuridad) los robots han desempeñado todos los papeles imaginables… y en todas las relaciones con el genero humano posibles. Sirvientes que acaban rebelándose contra la voluntad de su amo (como en Tik Tok, de Sladek), soldados que pelean las guerras de los humanos… para acabar librando sus propias batallas contra estos (La segunda variedad, de Dick, en la que se encuentran basadas las peliculas Terminator y Screamers), compañeros de fatigas de lealtad inquebrantable (como C3PO o R2D2 en La guerra de las galaxias) los robots han ocupado todos los nichos posibles en la relación con sus creadores.

El ultimo gran grupo de maquinas corresponderían a aquellas que han evolucionado libremente en el espacio dejando atrás a sus creadores orgánicos. Un fantástico ejemplo de las mismas la tenemos en Ciberiada, de Stanislaw Lem, donde los "viscosillos" (apodo asignado a las formas de vida orgánica por los robots) piensan que han creado a los metálicos… mientras los metálicos, a su vez, piensan y justifican que son ellos los que han creado a los viscosillos. En el relato Zarpas de metal de Eduardo Vaquerizo se nos describe la evolución de todo un ecosistema formado por maquinas. Desde vegetales a depredadores pasando por los herbívoros (hasta alcanzar incluso a la aparición de seres inteligentes) habitan en un mundo con la misma meta que cualquier otro ser vivo: la supervivencia. En Cruzada, de Clarke, se nos describe la aparición de una forma de vida inorgánica basada en la superconductividad que aparece en un océano de helio liquido en un mundo situado en el espacio entre dos galaxias alejadas. Cuando esta inteligencia descubre que las formas de vida inorgánicas están esclavizadas, inicia una cruzada a todo lo largo del universo para liberarlas.

Este último relato introduce uno de los grandes tópicos de la ciencia ficción, la lucha de seres orgánicos e inorgánicos por el control del cosmos. En la impresionante serie de Javier Redal y Juan Miguel Aguilera,, los humanos envían una serie de máquinas autoreplicantes al espacio con el fin de colonizar y terraformar los planetas que posteriormente serán ocupados por los humanos. Sin embargo, pequeños fallos en la programación de las máquinas hacen que estas evolucionen y lleguen a considerar a los seres orgánicos como enemigos naturales. Algo similar ocurre en la serie del centro galáctico, de Gregory Benford, aunque en este caso el origen de las máquinas es desconocido. Curiosamente, en este último caso, tanto humanos como máquinas, utilizan componente de sus enemigos para mejorar sus propias aptitudes (ordenadores, sistemas de propulsión mecánicos, etc. en el caso de los humanos y componentes orgánicos, incluso musculares, en el caso de las máquinas). La ya citada serie de los Berserek de Saberhagen nos muestra a una humanidad en constante retroceso frente a una raza de robots asesinos cuya máxima prioridad parece consistir en el exterminio de toda forma de vida orgánica de la galaxia…
 
 

Seres energéticos

¿Cuál es la línea evolutiva normal de un ser orgánico?. A tenor de lo que nos muestra el registro fósil, toda forma de vida esta condenada a evolucionar... o a extinguirse. Pero la inteligencia ha encontrado diferentes maneras de sortear al verdugo de la evolución. La mas evidente es la sustitucion de componentes organicos perecederos por incorruptibles maquinas de metal: la humanidad ya se encuentra en esa fase, y el resultado final de la misma es el ciborg, mitad hombre, mitad maquina, del que existen tantos y tan buenos ejemplos en la ciencia ficcion: desde la perspectiva humoristica (no exenta de un toque de crueldad) de Haldeman en Mas que la suma de sus partes a la melancolica cualidad de aquel que ve como la raza humana se aleja de su destino presente en Cambio marino de Scortia o Crucifixus Etiam, de Walter M. Miller. El destino final del ciborg es convertirse en un cerebro residente en una maquina, como el que magistralmente describe Clarke en Encuentro con Medusa o Efímeras de Kevin O’Donnell, Jr. pero… ¿puede irse mas alla?. En Ciudad Permutacion de Greg Egan, se ha descubierto un procedimiento para copiar la red neuronal de un ser humano dentro de un ordenador. Las copias, inmersas en un ambiente de realidad virtual, pueden considerarse casi tan vivas como el original. Lo único que les separa de la inmortalidad es que siguen necesitando de un soporte físico para poder ejecutarse. Sin embargo, el empleo de autómatas celulares y de una particularmente sofisticada forma de solipsismo permite el que estas formas de vida continúen existiendo mas allá del plano de nuestra realidad cotidiana. En El experimento terminal, de Sawyer, el empleo de sofisticados sensores nanotecnológicos permiten un descubrimiento sorprendente: la existencia del alma, como un campo electromagnético que abandona el cuerpo después de la muerte. Esto permite jugar con un estudio sobre el bien y el mal al describir el comportamiento de varias simulaciones electrónicas de una personalidad humana que carecen sin embargo de esta cualidad.

En ambos casos, la necesidad de un "hardware" que soporte a la forma de vida sobre el mundo real supone un handicap considerable para la misma. Pero ¿y si se prescinde de dicho soporte?. En 2001, una odisea del espacio, asistimos al ciclo evolutivo completo de una especie, desde seres orgánicos, pasando por ciborgs cada vez mas evolucionados hasta llegar al estadio de seres energéticos que no necesitan de una envoltura material para subsistir. Una aproximación semejante aparece en El señor de la luz, de Zelazny, donde los Rashaka se han convertido en seres puramente energéticos y por tanto cuasi inmortales que sin embargo añoran sus cuerpos materiales… lo que les hace apoderarse de cuantos seres vivos se cruzan en su camino para volver a experimentar de nuevo la sensación de caminar por el mundo. Los seres con los que se encuentra Elli en su viaje a través del agujero de gusano en Contacto, de Carl Sagan también carecen de envolturas materiales. Y en Los ondulantes, de Brown, se describe una particular invasión de extraterrestres constituidos por seres energéticos cuyo alimento son las ondas electromagnéticas generadas por la humanidad, lo que acaba por poner a esta frente a un interesante dilema.

Y todo esto sin tener en cuenta, por supuesto, todas las obras que tratan sobre seres incorpóreos del tipo "espíritu" que evidentemente escapan de las competencias de este articulo…
 
 

Epilogo

Utilizando elementos cercanos al carbono o muy alejados al mismo, de origen natural o artificial, la vida puede adoptar formas que, hoy por hoy, nos resultan inconcebibles. La ciencia ficción ha tratado de mostrarnos algunas de las posibilidades y si repasamos todos los ejemplos utilizados en el presente artículo, vemos que no podemos ser muy optimistas. Salvo en casos aislados, el choque entre dos especies siendo una orgánica y la otra inorgánica acaba en desastre. Las diferencias, en cuanto a las necesidades medioambientales, imposibilitan la convivencia, a veces por desconocimiento (como en La nube negra o en el capítulo de Star Trek) y otras por pura supervivencia (como en Alien, o la serie del centro galáctico de Benford, llegándose incluso a intentar modificar el mismo universo para eliminar a la especie opuesta, como en la serie de Aguilera y Redal).

Sin embargo, esta actitud beligerante propuesta por la mayor parte de los autores, puede no ser universal, sino una actitud extrapolada de las características propias del género humano, con lo cual el futuro se presentaría más halagüeño (salvo que nos topemos con otra especie superior a la nuestra y que no esté dispuesta a ser aniquilada). Hemos preferido terminar este artículo con un tono optimista y recordar que también cabe la posibilidad de una convivencia armónica entre máquinas conscientes y humanos (como ocurre en la serie de La cultura de Ian Banks) y que un contacto con una nueva especie, por muy extraña que sea, puede dar lugar a intercambios positivos por ambos lados (como sucede en Huevo del Dragón).
 
 

Bibliografía

El diablo en la oscuridad (The evil in the dark), Guión: G.L. Coon, Star Trek, serie clásica

 A modo de curiosidad, hay un relato, de Guy de Maupassant que se llama precisamente “El horta”  y trata sobre una forma de vida inmaterial que se apodera del cerebro de las personas. Un precendente claro de “Amo de titeres”

Toward Si-based life: zeolites as enzyme mimics, Norman Herron, Chemtech, 19, 542 (1989)

Alien el 8º pasajero (Alien), D: Ridley Scott, G: Dan O’Bannon, 20th Century Fox

La nube negra, Fred Hoyle, Nova CF 9, Ediciones B

Luchacruenta, Greg Bear, en Lo mejor de IASFM, Superficción 114, Martínez Roca

Life on a neutron star, F.D. Drake,Astronomy, 1, 5 (1973)

Huevo del Dragón, Robert L. Forward, Nova CF 5, Ediciones B

Estrellamoto, Robert, L. Forward, Nova CF 12, Ediciones B

El mundo al final del tiempo, Frederik Pohl, Nova CF 49, Ediciones B

El especialista, Robert Sheckley, en La septima victima, Nebulae

Marque F de Franquenstein, Arthur Clarke, en El viento del sol, Bolsillo 531, Alianza Editorial

La voz de los muertos, Orson Scott Card, Nova CF 1, Ediciones B

Neuromante, William Gibson, Minotauro

Quemando cromo, William Gibson, Minotauro

The Matrix (Matrix), D y G: Larry & Andy Wachowsky, Warner Bros.

Hyperión, La caída de Hyperion, Dan Simmons, Nova CF 41 y 42, Ediciones B

Los robots, Isaac Asimov, Gran Super Ficción, Martínez Roca

Nueva Dimensión nº 66, "Órbita de Alucinacion", Martinez Roca

Tik-Tok, John Sladek, CF y F 67, Acervo

La segunda variedad, Philip K. Dick, en La segunda variedad, Gran Super Ficción, Martinez Roca

La guerra de las galaxias (Star wars), D y G: George Lucas, 20th Century Fox

Ciberiada, Stanislaw Lem, Libroamigo 698, Bruguera

Zarpas de metal, Eduardo Vaquerizo, Ad Astra 10, 1998

Cruzada, Arthur Clarke en Relatos de 10 mundos, Nebulae (2ª epoca) 3, Edhasa

Mundos en el abismo, Juan Miguel Aguilera y Javier Redal, Bolsillo CF 68, Ultramar

Hijos de la eternidad, Juan Miguel Aguilera y Javier Redal, Bolsillo CF 90, Ultramar

En un vacio insondable, Juan Miguel Aguilera y Javier Redal, La espada y el reloj 3, La calle de la Costa

En el océano de la noche, A través del mar de soles, Gran rio del espacio, Mareas de luz, Abismo frenético, Navegante de la luminosa eternidad, Gregory Benford, Nova CF 7, 10, 20, 43, 81 y 88, Ediciones B

Más que la suma de sus partes, Joe Haldeman

Cambio marino, Scortia

Crucifixus Etiam, Walter M. Miller

Encuentro con Medusa, Arthur Clarke

Efímeras, Kevin O´Donnell Jr., Bolsillo CF 80, Ultramar

Ciudad Permutacion, Grag Egan, Nova CF , Ediciones B

El experimento terminal, Robert J. Sawyer, Nova CF 102, Ediciones B

2001, una odisea del espacio, Arthur Clarke, JET 185/4, Plaza&Janes

El señor de la luz, Roger Zelazny, Minotauro

Contacto, Carl Sagan, JET 125, Plaza&Janes

Los ondulantes, Fredric Brown, en

Pensad en Flebas, El jugador, El uso de las armas, Ian Banks, Gran Super Ficción, Martínez Roca
 

 

© Cristóbal Pérez-Castejón Carpena  2003-2004 Ultima actualización 14-11-2004