La estilizada nave plateada fue separándose poco a poco de
la orbita terrestre, mientras millones de telespectadores conectados a la red
mundial la contemplaban. Tras décadas de experimentación, la humanidad había
descubierto por fin el secreto del viaje hiperlumínico. Ceremoniosamente, el
piloto pulso el interruptor... y se encontró de repente en una especie de túnel
ocupado por otro centenar de naves moviéndose velozmente en dirección contraria.
Desesperado, consiguió detener el impulsor apareciendo de nuevo en el espacio
normal. Pero no estaba solo, pues un vehículo gigantesco cubierto de extrañas
luces estaba parado a su lado. Una de las pantallas frente al piloto se activo y
en la misma apareció el rostro de una especie de rana de color verde
fosforescente que con expresión de fastidio dijo “A ver, papeles”