Me encontré con Julián a la salida del despacho
“Fíjate” dijo sonriendo ”me han invitado a la boda del
embajador de los virulianos”.
Los virulianos habían llegado hacia unos años al planeta.
Eran poderosos, nos habían ayudado mucho, pero tenían unos hábitos… peculiares.
Julián estaba exultante.
“¿Sabes? Me llamo personalmente el ministro para
felicitarme”.
Siempre había sido bastante mezquino, y la idea refregarnos
sus contactos le llenaba de gozo.
Con mi mejor cara de póquer le vi alejarse por el pasillo.
Me sentí mal por no decirle nada. En la reunión secreta habíamos discutido mucho
sobre ese punto. Pero después de todo, los virulianos pagaban, y bien, sus
excentricidades. Y además ¿cómo le explicas a alguien que no le han invitado
para cenar, sino para convertirse en el primer plato?